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23 mayo 2007

DE ESTO HABLABA ABAJO

¡Quiero, quiero, quiero!
Gracias Gragry por la información.

06 mayo 2007

CHICHE ELECTRÓNICO

Los que el viernes pasado a las 21 horas -por lo menos en Argentina- estaban viendo la serie "Héroes", y además son sordos o hipoacúsicos, no pueden haber dejado de notar el celular que utiliza la porrista durante una escena. Y si no lo notaron, no merecen llamarse hipoacúsicos.El celular en cuestión es un aparato similar a una palm. Cuando suena, se enciende y apaga una pequeña luz roja. Y al atender, la chica no se pone a conversar, sino que escribe en un mini teclado que se desplaza por detrás de la pantalla, como si se tratara de un chat. Que eso es después de todo. Un messenger ambulante.Yo tengo y uso un teléfono celular. Todavía no dependo de él ni tengo ataques de pánico si lo olvido en casa. Puedo escuchar a través de él, aunque prefiero hacerlo sólo con aquellas voces conocidas -esposo, madre, padre, tutor o encargado- y al resto le pido que me envíen mensajes de texto. No uso el celular para conversar sino por necesidad. Lo llevo siempre apagado en la cartera cuando salgo con mis hijos, y prendido cuando ellos no están. Sus maestras saben, por ejemplo, que en caso de emergencia y de no encontrarme en mi casa deben enviarme un msn que diga "escuela", y yo apareceré allí por arte de magia, preocupada y lista para coser cabezas o aliviar chichones.Para saber que me están llamando sólo me sirve la opción vibración. Y por lo tanto debo llevar el aparatito encima de mi cuerpo -cinturón, bolsillo- y eso me jode. No puedo dejarlo, por ejemplo, sobre una mesa, a menos que esté apoyada sobre ella.Toda esta larga y aburrida explicación viene a cuento porque si yo tuviera un celular como el de la porrista -aunque supongo que el día que llegue a la Argentina también necesitaré el sueldo de una actriz adolescente de Hollywood- gran parte de mis problemas de comunicación, habrán desaparecido.Ya no importará cuán hipoacúsica soy, si perdí más audición, si me quedé sorda, si estoy en la calle y hay mucho ruido, si me senté, si la voz de la otra persona es chillona o demasiado grave. Siempre y cuando del otro lado sepan escribir, yo podré comunicarme. Los que tenemos problemas de audición solemos tener una percepción visual muy desarrollada, por lo cual sé que la lucecita la podré ver desde cualquier ángulo, bolsillo, distancia.Mis chicos están creciendo y pronto podrán utilizar un sistema así para comunicarse conmigo cuando lo necesiten. Hoy no entiendo sus vocecitas infantiles por teléfono, y eso los pone ansiosos a ellos y me angustia a mí. Pero el día de mañana podrán llamar y preguntar:Alguno de ellos: -¿Pusiste a lavar mis pantalones?Yo: -Sí, pero saqué los preservativos que había en el bolsillo.Alguno de ellos: -Mirá que no son míos.Yo: -Lo importante es que te cuides. La marihuana, en cambio, la lavé en el lavarropas.Y el día en que por fin todos estén hipercomunicados, el día en que hasta quienes están juntos se comuniquen por escrito a través de una pantallita portátil, ese día yo sentiré que en esta vida hay revancha.

28 noviembre 2006

MATERNIDAD TECNOLÓGICA

A mis niños los hice a la antigua, de la forma entretenida. Pero por supuesto que desde que pensé en la posibilidad de tener hijos mi gran preocupación fue cómo me ocuparía de ellos. Cómo los escucharía llorar por la noche, o toser, o atragantarse, o llamarme cuando no estuvieran a mi lado.
He crecido hipoacúsica en un mundo de oyentes. Nunca, tal vez hasta ahora y sólo por motivos profesionales, he estado en contacto con otras personas hipoacúsicas o sordas, y nunca -ni siquiera ahora- he encontrado a otra persona que tuviera una hipoacusia similar a la mía (esas que "no se notan"). Por lo tanto jamás he podido saber cómo se las arreglan otras mamás. Lo mío fue prueba y error.

Antes de que naciera mi primogénito, y gracias a Internet, navegué hasta encontrar en un sitio de Estados Unidos, Hitec ; una cantidad de ayudas tecnológicas para personas con discapacidad. Algo que hasta el día de hoy no existe en nuestro país. (Hoy en día hay otros sitios como Hitec, en EE.UU y en Europa, que son fáciles de hallar navegando, y con mucha suerte se puede encontrar un importador en Latinoamérica).
Bien, arreglándome con el poco inglés que sé y con la tarjeta de crédito al lado, compré lo que yo llamo "la centralita", marca Sonic Alert. La misma contaba de la central, conectada a mi velador, y varios accesorios que traducen ruidos/sonidos en señales luminosas (el velador se prende y se apaga de diferente manera según de dónde provenga la señal). Me equipé en primer lugar con un baby-call, y también con un aparato para el timbre del teléfono, un reloj despertador (que nunca funcionó correctamente) y por las dudas un vibrador que se coloca debajo de la almohada (que nunca usé porque te hace saltar, y tampoco usé de otra forma, malpensados).
Increíble pero real, todo llegó sin inconvenientes y sin pagar aduana (por ser ayudas para personas con discapacidad). El problema recién llegó al conectar todo eso. Claro que todo funciona a 110v, pero además filtran de cierta manera la señal eléctrica (cosa que no pudieron arreglar técnicos electrónicos ni ingenieros ni autodidactas) por lo que los aparatos funcionaban sólo bajo ciertas circunstancias. Por ejemplo: para hacer funcionar el baby-call había que desenchufar el televisor y una videocasetera, y una computadora. Cosa de Mandinga.
Pero funcionaba. Mientras a mi lado mi marido normoyente dormía su sueño profundo, yo me hice cargo de mis bebés. Claro que con un baby-call corriente uno puede distinguir si se trata de llanto, eructo, camión, trueno o tos. Yo no. Yo pasé los tres primeros años de cada uno de mis hijos levantándome cada dos minutos cada noche. Me levanté para verlos cada vez que pasó una moto cerca de nuestra ventana. Cada noche de tormenta. Cada Año Nuevo de petardos, y por supuesto cada vez que tosieron, lloraron o tuvieron pesadillas. Allí estuve con ellos.
Este baby-call, sin embargo, sólo me servía para la noche. Primero porque durante el día necesitaba usar la computadora que provocaba el cortocircuito, y porque al estar la central en mi dormitorio, sólo servía para la luz del velador.
Así fue como me acostumbré a dormir la siesta junto a mis niños (toda mamá sabe que hay que aprovechar el momento de descanso de los niños... para descansar) en la cama grande, y por supuesto que desde siempre tengo mi "sexto sentido" que hace que me despierte por cualquier mínimo movimiento, cambio en la luz, brisa, etc, etc; y por las tardes les hacía un corralito de juguetes a mi lado, mientras trabajaba, o los ponía en la practicuna en mi oficina. Es decir, siempre estuvieron al alcance de mi vista. Cuando crezcan podrán contarle al psicólogo que tuvieron exceso de mamá. "Mi mamá siempre estaba ahí". Y ahí estaba.
Ahora que son más grandes (8 el mayor, 5 y medio el menor), y el sólo hecho de tener un baby-call en su habitación podría ofenderlos, saben que si tienen una pesadilla tienen que venir a buscarme. Y lo hacen. Igual yo me levanto varias veces por la noche y los miro, y los tapo, y los devuelvo a su cama cuando los encuentro acurrucados en cualquier lado.
De todos modos no es lo mismo... recuerdo que cuando era pequeña y me enredaba con la frazada, gritaba desde mi cama: "¡mami, me destapé!" Y mi mamá aparecía y me tapaba. Y a mí me duele saber que mis hijos no pueden contar conmigo de esa manera. Pero así son las cosas. En cambio, mi hijo se maravilla cuando por sólo pararse al lado mío, a cualquier hora de la madrugada, aún sin tocarme ni hablar ni moverse, yo me despierto.

El aprendizaje de tener una mamá "diferente" no termina nunca. Ayer, por ejemplo, estábamos en el club, ellos en clase de lucha, yo mirándolos, y de pronto se cortó la luz. Subsuelo. Oscuridad total. Fue el profesor, de todos modos, el que se hizo cargo de la clase. Yo sólo los seguí. Más tarde les expliqué a mis hijos (con el mismo tono con que les decimos que si se pierden no se muevan, que nosotras los encontraremos) que si esto sucedía en otra parte, de nada serviría que me llamaran. Que aunque escucho los sonidos, no puedo discriminar sus voces ni el significado de las palabras en la oscuridad. Que yo gritaría sus nombres una y otra vez para que pudieran guiarse por mi voz y encontrarme.
De todos modos supongo que no falta mucho para que tengan sus propios celulares y me envíen un mensaje de texto: "Me perdí".

Gracias Chip, dios de la tecnología, por todo lo que me has dado. En nombre de mis hijos y en el mío, amén.