Cuando alguien habla de "capacidades diferentes" para no decir lisa y llanamente "discapacitado", yo siento que me robaron algo, que me estafaron. Que en el reparto genético me tendría que haber tocado la facultad de volar, o la superfuerza, o por lo menos la telepatía, ya que me tocó en suerte no contar con el oído.
Diferente es distinto, no incompleto o fallado.
La idea de que quienes no ven poseen el radar de un murciélago, y de que quienes no escuchamos dominamos el arte de la lectura labial a cinco metros en lugares oscuros o con luces psicodélicas es sólo un invento de los demás para mantener tranquilas sus conciencias.
En caso de que me suceda -se dicen- si alguna vez pierdo audición, igual voy a escuchar con los ojos, como dicen los sordos, así que el asunto no debería preocuparme demasiado.
Dicho esto, me gustó mucho, me resultó muy interesante el artículo escrito por un tal Franco Rinaldi , aparecido ayer en el diario Clarín.
Dice: "Toda equiparación será engañosa, con más o menos rating, si permanece ciega ante el hecho de que la discapacidad no es mera diferencia, a que es una desventaja de hecho frente a los que no tienen ninguna discapacidad".
El artículo viene a cuento por lo sucedido entre Tinelli/Pergolini. Para los que no viven en Argentina, resumo: en el asqueante (eso va por mi cuenta) programa de TV "Bailando por un sueño", que dirige Tinelli, está participando una persona ciega. Pergolini, el conductor de otro programa, salió a criticarlo y dijo algo así como por qué de una vez por todas el otro no ponía mogólicos a bailar. Para ganar rating, se entiende.
Las asociaciones de, sobre, para Síndrome de Down, pusieron el grito en el cielo, e hicieron denuncias de discriminación por el uso de la palabra mogólico, que nadie va a negar que suena peyorativa.
Yo también escribí sobre el tema. Un artículo que pensaba enviar a algún diario. Prefiero subirlo acá (lo haré en los próximos días), así que por un lado me conocerán en la faceta "seria" de periodista, y por el otro los animo a sumarse a la discusión.
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24 abril 2008
25 febrero 2008
¿LO QUÉ?
En mis cortas y rutinarias vacaciones, fui una vez al cine con mi marido. La película: Sweeney Tood, de Tim Burton. El lugar: cines Hoyts en shopping Unicenter. El día: jueves día de los enamorados, por la noche.A pesar de que con audífono escucho a la perfección en los cines, decidí hacer uso del famoso botoncito para cambiar programas de mi aparato nuevo, yme entusiasmé con probar, por primera vez en mi vida, cómo corno se escucha con el aro magnético.El aro magnético es un aparato que se coloca en cines, teatros o sitios de conferencias, y que permite que el sonido llegue directamente al audífono (que debe contar con bobina telefónica), sin interferncias. Pintaba bien.Ya en la caja quise confirmar la información que tenía con la cajera:-¿La sala cuenta con aro magnético? -pregunté.La niña, veintipico de años y con suerte estudios secundarios, me miró con cara de asco:-¿Lo qué?-Aro magnético -repetí muy segura de mí misma y muy sonriente.-No sé... ¡che! -a una compañera- ¿tenemos aro...?-Magnético -le soplé yo.La compañera la miró como si en ese mismo momento y delante de todos los clientes le estuviera preguntando si era lesbiana y quería acostarse con ella.La otra no sabía.-Le tengo que preguntar al gerente -me dijo mi cajera.-Preguntale.El gerente no llegó, así que me enviaron en su búsqueda.Chico de camisa blanca y corbata negra, menos de treinta, seguro. Título secundario y algún curso de gerenciamiento, tal vez.-Hola -yo- quiero saber si cuentan con aro magnético.El chico dudó. Se le notaba el esfuerzo que hacía su mente en buscar la información. "Baño... salas... pochoclo... aro magnético..."-¿Eso para los sordos...? -dudó, mirando sobre el hombro de mi marido y del mío para encontrar a nuestro sordo.-Sí -le respondí.-Sí...-¿Tengo que sentarme en algún lugar en especial? (a veces el aro magnético posee una limitada capacidad de emisión, y por lo tanto hay que sentarse dentro de su área activa).-Sí... me parece... sí.Como todavía faltaba para la película pregunté si tenía que reservar mi lugar. Dijo que no, que llegara veinte minutos antes y le avisara al chico que recibe los boletos.-Me tenés que dejar el documento para que te den los auriculares.-El aro magnético no se usa con auriculares.Mi marido tradujo:-Él cree que no tenés audífono (porque no se me ve y como dice todo el mundo: hablo taaaan bien) y te va a dar auriculares que se conectan al aro magnético igual que la bobina telefónica.-Ah -respondí. -Bueno.Que me diera los auriculares así probaba todo.Llegada la hora de ingreso al cine, me acerqué al chico de los boletos sin hacer la cola (¡eso era lo que yo más quería, zafar de la cola!). Le expliqué que bla bla aro magnético bla bla gerente bla bla asiento especial.-¿Lo qué?Mi paciencia estaba al límite.-¿Sabés lo que es el aro magnético? -le pregunté.-No -dijo.-Ok, yo no voy a ser quien te lo explique.Nos hizo pasar y esperar a otra gerenta que, sin estar muy segura, nos llevó a la sala y nos sentó adelante y al medio. No me dio ningún auricular.Empezaron los comerciales y adelantos. Nada.Probé todos los botoncitos de mi audífono. Nada. Nada y nada.Caliente, salí del cine. Los empleados habían cambiado y le expliqué otra vez todo el tema a uno nuevo, que tampoco sabía lo que era un aro magnético. Me dijo que esperara. Le dije que no, que empezaba la película, que buscara al gerente y lo enviara.Vino el gerente. Me dio unos auriculares viejos. Nada. Con señas, le hablaba a quien estaba en la casilla de transmisión. Nada. Probé con mi audífono. Nada. Era obvio que no sabían cómo encender el aro magnético. Con los títulos me cansé y le dije que ya estaba. Asunto concluido. Se fue creyendo que el aro magnético al fin funcionaba.Todavía no sé cómo se escucha con aro magnético pero de todos modos no me perdí palabra ni canción de la película.Pero lo que enciende mis instintos sociópatas es que nadie, pero nadie, en todo el cine, tenía idea de qué miércoles era el aro magnético ni cómo funciona. Que en los cursitos de preparación que reciben esos chicos y en donde aprenden a cobrar una entrada de cine o cortar un boleto, nadie les habló del aro magnético, que con toda seguridad está instalado en esas salas.Porque el sordo es una cosa rara e invisible. Un engendro de la naturaleza que te pasa al lado sin que te des cuenta. A quien hasta podés tratar creyendo que es un ser humano normal.Estoy segura, estoy convencida, de que esto no sucede sólo en el Hoyts del shopping Unicenter. Y que ninguno de los i-rresponsables del lugar actuó como actuó por maldad, ni por falta de consideración, ni por discriminación. Lo hicieron por ignorancia.Y la ignorancia es, justamente, el mayor peligro.
04 diciembre 2007
DES-ENCUENTRO
En el Día Internacional de la Persona con Discapacidad (ayer, 3 de diciembre)me hubiera encantado ver el documental de las 22 horas que pasaron por el canal Encuentro. La cosa parecía hecha con respeto, con conocimiento. Las personas con discapacidad motriz que aparecían en pantalla parecían tener algo interesante para decir.
Pero... ¡EL PROGRAMA NO TENÍA SUBTÍTULOS!
En el Día Internacional de la Persona con Discapacidad, a los del canal Encuentro les faltó pensar un poquito más.
Pero... ¡EL PROGRAMA NO TENÍA SUBTÍTULOS!
En el Día Internacional de la Persona con Discapacidad, a los del canal Encuentro les faltó pensar un poquito más.
26 junio 2007
OY VEI... LA MAH
Nunca subo dos post larguísimos seguidos, por respeto a ustedes, que ya bastante me acompañan y leen, pero esta vez hago una excepción.
Ayer fui a la Mutual Argentina de Hipoacúsicos, a pesar de ya haber elegido y comprado mi audífono, porque mi obra social me exige que uno de los tres presupuestos presentados sea de la MAH. Y como en el pasado, la atención fue tan deficiente, los profesionales tan ineptos, que no puedo no contarlo. Por supuesto habrá quién me diga que fue atendido espectacularmente bien en el lugar, pero creo que cuando ciertas situaciones se repiten en el tiempo, como en mi caso, es porque algo pasa.
El turno para selección de audífonos lo había pedido con un mes de anticipación. La Mutual no ofrece turnos más rápidos, lo cual ya habla de una mala administración de turnos, o de pocos profesionales. Tomé el turno porque no tenía otra opción. El problema fue que no pude hacerme en su momento la audiometría, y en el centro otorrino que me atiendo me dieron otro turno para el día miércoles, es decir para mañana, y no quería perder el turno de la MAH. El tema no me preocupó porque tengo una audiometría del año ´04 y mi audición no varió desde entonces. Uno sabe cuándo cambia su audición, y de todos modos la audiometría es simplemente otro instrumento a la hora de elegir un audífono, pero nunca el único valor.
Bien, a pesar de que la selección de audífonos es gratuita en la MAH, exigen una orden médica (como si yo no supiera que necesito un audífono nuevo) y una audiometría con una antigüedad máxima de tres meses (esto nunca me lo dijeron por teléfono, sino no hubiera perdido mi tiempo).
Al ingresar a la Mutual un guardia de seguridad te pregunta a dónde vas y te da el número correspondiente. Luego hay que esperar a que una de dos empleadas te llame desde su búnker. Nadie te saluda, nada de amabilidad, nada de calidez. Al ser llamada, la empleada rechazó mis papeles sin más. Me aseguró con cara de pocos amigos que "la audición cambia cada tres meses". Primera pregunta: ¿una empleada administrativa con, digamos, estudios secundarios completos, está capacitada para ofrecer información médica? ¿Es eso ético y legal? Yo le dije que lo que estaba diciendo era un disparate. Y le informé que ya venía de otras empresas de venta de audífonos donde me habían hecho una revisión de la audiometría, y que mi audición seguía tal como lo mostraba el audiograma. Que llevo muuuchos años en el tema y sé perfectamente que puedo seleccionar un audífono con esa audiometría. Hastiada de mí, me ofreció hablar con un médico. Tampoco el médico se emocionó con mis argumentos. Me dijo que ellos trabajan desde hace años con las mismas reglas y que no hay posibilidad de cambiarlas. O tengo una audiometría reciente, o no hay selección de audífono. A esta altura admito que mi presión estaba subiendo tanto como la incapacidad del lugar. El médico me informa además que ellos no son una empresa, por lo tanto no se manejan de la misma forma que las otras empresas que venden audífonos. ¡Mentira! Desde el momento en que venden audífonos y cobran por las prestaciones médicas, son una empresa. A su socios les cobran, y más allá de que en ciertas cosas como Mutual organizando charlas para el público (como tantas empresas) o donen aros magnéticos (como tantas empresas que donan cosas) eso no cambia que en parte sean una empresa. Para despacharme, el médico me dice que puedo solicitar un presupuesto estimativo, sin mi nombre, en el momento. Regreso con la chica poco simpática. Le doy la audiometría vieja y al rato regresa con un presupuesto de un audífono mucho más barato que el que yo compré. No me sirve, por supuesto. La ley dice que los presupuestos deben ser de audífonos de similar característica técnica. Vuelvo a acercarme, y pido por favor los datos técnicos del audífono. Ahora es otra chica, tan poco simpática como la primera. No te toman por calidez ni buena atención al público en la MAH. ¿Pagarán bien? La chica me dice que ellos no entregan folletería al público. Le digo que bien puede ser una copia de la información que sí tiene que tener la empresa, si es que de verdad venden esos audífonos. Hasta allí llega su paciencia o sus conocimientos, y me envía al ruedo con la jefa de audiología. La fonoaudióloga L.A. Y ahora sí, señoras y señores, entramos al reino del absurdo.
Pido amablemente la ficha técnica, ya que no sé qué audífono me presupuestaron, y necesito saber si tiene la misma tecnología y prestaciones que el que compré. Me dice que no puede darme información a menos que me haga la selección como corresponde. Le digo que tengo derecho de tener la información que le solicito. No es información confidencial. Caso contrario sería como comprar anteojos sin saber cuántas dioptrías tiene el lente.
Le digo que podría haberme hecho la selección con esa audiometría sin ningún inconveniente. Me dice que no, que las reglas y bla bla bla. Habla tanto la mujer que en un momento me caliento y le digo: "usted hace tantos años que trabaja con personas hipoacúsicas y sin embargo no aprendió a escuchar". He marcado el límite de mi terreno y presentado batalla. Le digo que yo uso audífonos desde antes de que ella fuera fonoaudióloga (es una mujer mayor, ahí puede que la haya pifiado), y que si algo sé, es que la audiometría es sólo parte de la información, pero que yo no soy una audiometría, que lo que importa es cómo yo me siento con el audífono. Ella dice que NO. Sí, dice NO. Que lo único que importa es la audiometría, y que sólo y únicamente con la audiometría se puede saber qué audífono sirve. Sí señores, en la Mutual Argentina de Hipoacúsicos uno es una audiometría. Por eso nadie te saluda, ni se presenta, ni te da la mano, ni te pregunta cómo estás. Porque la relación amistosa es con la audiometría. Nosotros somos simplemente portadores de audiometrías. No personas. Nosotros NO sabemos qué audífono es mejor para nosotros mismos. Ellos sí. Nosotros NO sabemos cómo escuchamos. Ellos sí. Nosotros somos idiotas. Ellos también.
Ella dice algo. Yo la interrumpo. Me dice que ahora soy yo la que no sabe escuchar. Touché. Las cosas parecen irse de control. Yo quiero huír. Estoy en algo así como el lugar para hipoacúsicos de una dimensión desconocida. El lugar más conocido para hipoacúsicos, supuestamente creado por hipoacúsicos, en donde el hipoacúsico no es nadie. El lugar con los audífonos más baratos y la peor atención.
Cambio de tema, le digo que siempre que fui a la MAH, y he ido varias veces en tantos años, la atención fue pésima, despersonalizada. Ella me dice que eso sucede porque tienen demasiados pacientes, justamente porque son tan buenos. A mí se me ocurre, a la velocidad de la luz, una respuesta irónica: "¿eso quiere decir que si yo tuviera muchos hijos estaría bien que los tratara mal?". ¿No estuvo bueno? La conversación no da para mucho más. Ya sabemos que no nos comprenderemos. Ellos están de un lado y yo del otro, como los palestinos con los israelíes. Ella se pone profesional de pronto. Dice que si regreso con la audiometría correcta (que será idéntica a la que ya le presenté) me dará un presupuesto más acorde a mis necesidades. La pregunto si de verdad cree que por uno o dos decibeles de diferencia no puede encontrar el audífono adecuado utilizando un audiograma mucho mejor: mi persona. Me dice que sí. Que a veces la audición cambia súbitamente. Mirá vos. Y yo que no me había dado cuenta. Ok, que se quede con su falta de criterio, conocimiento, y siga por allí ofreciendo información equivocada y ojalá a la gente le sirva el audífono que les vende, porque no tienen la culpa de haber caído en sus manos. Yo sé que no voy a volver. Ya veré cómo me las arreglo con la obra social. Me preparo para otro round.
Más allá de la ironía con la que juego a la hora de escribir, lo que sucede en la Mutual Argentina de Hipoacúsicos me parece tristísimo. Hace cinco años, en oportunidad de otra selección que hice, me habían ofrecido un único audífono retroauricular (cuando yo uso intras) de muy mala gana, y me habían dicho que si me adaptaba a ese no existían otras opciones para mí. Que no había intras con la potencia que necesitaba. ¿Qué usé entonces en los últimos cinco años?
Ok... fui a la MAH con prejuicio, porque siempre me sentí maltratada. Pero lo único que necesitaba era hacer una selección de audífonos que me negaron. Y todo lo que pasó y se dijo, lo aseguro, pasó y se dijo de esa manera. Se supone que en la comisión directiva de la MAH hay personas hipoacúsicas. Me pregunto qué hacen...
Ayer fui a la Mutual Argentina de Hipoacúsicos, a pesar de ya haber elegido y comprado mi audífono, porque mi obra social me exige que uno de los tres presupuestos presentados sea de la MAH. Y como en el pasado, la atención fue tan deficiente, los profesionales tan ineptos, que no puedo no contarlo. Por supuesto habrá quién me diga que fue atendido espectacularmente bien en el lugar, pero creo que cuando ciertas situaciones se repiten en el tiempo, como en mi caso, es porque algo pasa.
El turno para selección de audífonos lo había pedido con un mes de anticipación. La Mutual no ofrece turnos más rápidos, lo cual ya habla de una mala administración de turnos, o de pocos profesionales. Tomé el turno porque no tenía otra opción. El problema fue que no pude hacerme en su momento la audiometría, y en el centro otorrino que me atiendo me dieron otro turno para el día miércoles, es decir para mañana, y no quería perder el turno de la MAH. El tema no me preocupó porque tengo una audiometría del año ´04 y mi audición no varió desde entonces. Uno sabe cuándo cambia su audición, y de todos modos la audiometría es simplemente otro instrumento a la hora de elegir un audífono, pero nunca el único valor.
Bien, a pesar de que la selección de audífonos es gratuita en la MAH, exigen una orden médica (como si yo no supiera que necesito un audífono nuevo) y una audiometría con una antigüedad máxima de tres meses (esto nunca me lo dijeron por teléfono, sino no hubiera perdido mi tiempo).
Al ingresar a la Mutual un guardia de seguridad te pregunta a dónde vas y te da el número correspondiente. Luego hay que esperar a que una de dos empleadas te llame desde su búnker. Nadie te saluda, nada de amabilidad, nada de calidez. Al ser llamada, la empleada rechazó mis papeles sin más. Me aseguró con cara de pocos amigos que "la audición cambia cada tres meses". Primera pregunta: ¿una empleada administrativa con, digamos, estudios secundarios completos, está capacitada para ofrecer información médica? ¿Es eso ético y legal? Yo le dije que lo que estaba diciendo era un disparate. Y le informé que ya venía de otras empresas de venta de audífonos donde me habían hecho una revisión de la audiometría, y que mi audición seguía tal como lo mostraba el audiograma. Que llevo muuuchos años en el tema y sé perfectamente que puedo seleccionar un audífono con esa audiometría. Hastiada de mí, me ofreció hablar con un médico. Tampoco el médico se emocionó con mis argumentos. Me dijo que ellos trabajan desde hace años con las mismas reglas y que no hay posibilidad de cambiarlas. O tengo una audiometría reciente, o no hay selección de audífono. A esta altura admito que mi presión estaba subiendo tanto como la incapacidad del lugar. El médico me informa además que ellos no son una empresa, por lo tanto no se manejan de la misma forma que las otras empresas que venden audífonos. ¡Mentira! Desde el momento en que venden audífonos y cobran por las prestaciones médicas, son una empresa. A su socios les cobran, y más allá de que en ciertas cosas como Mutual organizando charlas para el público (como tantas empresas) o donen aros magnéticos (como tantas empresas que donan cosas) eso no cambia que en parte sean una empresa. Para despacharme, el médico me dice que puedo solicitar un presupuesto estimativo, sin mi nombre, en el momento. Regreso con la chica poco simpática. Le doy la audiometría vieja y al rato regresa con un presupuesto de un audífono mucho más barato que el que yo compré. No me sirve, por supuesto. La ley dice que los presupuestos deben ser de audífonos de similar característica técnica. Vuelvo a acercarme, y pido por favor los datos técnicos del audífono. Ahora es otra chica, tan poco simpática como la primera. No te toman por calidez ni buena atención al público en la MAH. ¿Pagarán bien? La chica me dice que ellos no entregan folletería al público. Le digo que bien puede ser una copia de la información que sí tiene que tener la empresa, si es que de verdad venden esos audífonos. Hasta allí llega su paciencia o sus conocimientos, y me envía al ruedo con la jefa de audiología. La fonoaudióloga L.A. Y ahora sí, señoras y señores, entramos al reino del absurdo.
Pido amablemente la ficha técnica, ya que no sé qué audífono me presupuestaron, y necesito saber si tiene la misma tecnología y prestaciones que el que compré. Me dice que no puede darme información a menos que me haga la selección como corresponde. Le digo que tengo derecho de tener la información que le solicito. No es información confidencial. Caso contrario sería como comprar anteojos sin saber cuántas dioptrías tiene el lente.
Le digo que podría haberme hecho la selección con esa audiometría sin ningún inconveniente. Me dice que no, que las reglas y bla bla bla. Habla tanto la mujer que en un momento me caliento y le digo: "usted hace tantos años que trabaja con personas hipoacúsicas y sin embargo no aprendió a escuchar". He marcado el límite de mi terreno y presentado batalla. Le digo que yo uso audífonos desde antes de que ella fuera fonoaudióloga (es una mujer mayor, ahí puede que la haya pifiado), y que si algo sé, es que la audiometría es sólo parte de la información, pero que yo no soy una audiometría, que lo que importa es cómo yo me siento con el audífono. Ella dice que NO. Sí, dice NO. Que lo único que importa es la audiometría, y que sólo y únicamente con la audiometría se puede saber qué audífono sirve. Sí señores, en la Mutual Argentina de Hipoacúsicos uno es una audiometría. Por eso nadie te saluda, ni se presenta, ni te da la mano, ni te pregunta cómo estás. Porque la relación amistosa es con la audiometría. Nosotros somos simplemente portadores de audiometrías. No personas. Nosotros NO sabemos qué audífono es mejor para nosotros mismos. Ellos sí. Nosotros NO sabemos cómo escuchamos. Ellos sí. Nosotros somos idiotas. Ellos también.
Ella dice algo. Yo la interrumpo. Me dice que ahora soy yo la que no sabe escuchar. Touché. Las cosas parecen irse de control. Yo quiero huír. Estoy en algo así como el lugar para hipoacúsicos de una dimensión desconocida. El lugar más conocido para hipoacúsicos, supuestamente creado por hipoacúsicos, en donde el hipoacúsico no es nadie. El lugar con los audífonos más baratos y la peor atención.
Cambio de tema, le digo que siempre que fui a la MAH, y he ido varias veces en tantos años, la atención fue pésima, despersonalizada. Ella me dice que eso sucede porque tienen demasiados pacientes, justamente porque son tan buenos. A mí se me ocurre, a la velocidad de la luz, una respuesta irónica: "¿eso quiere decir que si yo tuviera muchos hijos estaría bien que los tratara mal?". ¿No estuvo bueno? La conversación no da para mucho más. Ya sabemos que no nos comprenderemos. Ellos están de un lado y yo del otro, como los palestinos con los israelíes. Ella se pone profesional de pronto. Dice que si regreso con la audiometría correcta (que será idéntica a la que ya le presenté) me dará un presupuesto más acorde a mis necesidades. La pregunto si de verdad cree que por uno o dos decibeles de diferencia no puede encontrar el audífono adecuado utilizando un audiograma mucho mejor: mi persona. Me dice que sí. Que a veces la audición cambia súbitamente. Mirá vos. Y yo que no me había dado cuenta. Ok, que se quede con su falta de criterio, conocimiento, y siga por allí ofreciendo información equivocada y ojalá a la gente le sirva el audífono que les vende, porque no tienen la culpa de haber caído en sus manos. Yo sé que no voy a volver. Ya veré cómo me las arreglo con la obra social. Me preparo para otro round.
Más allá de la ironía con la que juego a la hora de escribir, lo que sucede en la Mutual Argentina de Hipoacúsicos me parece tristísimo. Hace cinco años, en oportunidad de otra selección que hice, me habían ofrecido un único audífono retroauricular (cuando yo uso intras) de muy mala gana, y me habían dicho que si me adaptaba a ese no existían otras opciones para mí. Que no había intras con la potencia que necesitaba. ¿Qué usé entonces en los últimos cinco años?
Ok... fui a la MAH con prejuicio, porque siempre me sentí maltratada. Pero lo único que necesitaba era hacer una selección de audífonos que me negaron. Y todo lo que pasó y se dijo, lo aseguro, pasó y se dijo de esa manera. Se supone que en la comisión directiva de la MAH hay personas hipoacúsicas. Me pregunto qué hacen...
16 marzo 2007
DIÁLOGO DE OYENTES
Qué fácil que es inventar una frase hecha. Ves a dos tipos que hablan y no se entienden, que siguen en la suya, que no se ponen de acuerdo, y ahí va uno que se cree inteligente y dice: "es un diálogo de sordos". Y los demás aplauden y lanzan grititos alborozados, y desde entonces le dicen "diálogo de sordos" a aquellas conversaciones en que dos o más personas no logran "escucharse", es decir, entenderse. Uno dice una cosa, el otro dice otra cosa, y así. Ustedes me entienden. Y allí van todos los periodistas y entrevistadores y comunicadores y personajes televisivos y presentadoras con colágeno en los labios a repetir, como si supieran de qué hablan: "diálogo de sordos, diálogo de sordos, diálogo de sordos".
Y no viejo no... Eso no es un diálogo de sordos, eso es, exactamente, un diálogo de oyentes. Y te voy a explicar por qué, porque tengo tiempo y para eso estoy acá. Los sordos (aquí englobo a hipoacúsicos leves, moderados, profundos -yo- y sordos más o menos y sordos-sordos) cuando mantenemos una conversación, cuando estamos allí deseando ser parte de esa conversación, cuando la misma es parte del trabajo o de grupo de amigos, cuando queremos saber qué se está diciendo y oh milagro, hasta participar de la charla, cuando eso sucede, y aunque no escuchemos los sonidos como vos, los sonidos propiamente dichos, estamos entendiendo viejo. Cada palabra. Cada inflexión. Cada gesto. Cada tono. Cada movimiento corporal. Cada mirada. Estamos usando toda nuestra atención, inteligencia, viveza, todo nuestro cuerpo, toda esa parte del cerebro que dicen que no se usa mucho, estamos usando todo lo que somos para entender. Porque si queremos "escuchar", tenemos que estar ahí con nuestros seis sentidos enteros y al máximo. Concentrados únicamente en tus labios y en lo que intentás decir, aunque sea la máxima gansada. Tal vez nunca nadie te prestará tanta atención como nosotros en ese momento.
O sea que podés usar la expresión "diálogo de sordos" si querés ser un típico hijo de puta que dice "hoy conversé con un sordito, un tarado", como quien le dice "mogólico" a un tipo tonto, pero no podés usar esa frase hecha para hacer entender que no nos comprendimos. Porque tal vez no hayamos llegado a un acuerdo o a mí me parezca que estás equivocado, o discuta con vos, pero que te escuché, comprendí y entendí, eso seguro. Porque hacemos flor de esfuerzo. Por eso no entiendo por qué se usa la frase "diálogo de sordos". Por qué nos usan para clasificar un hecho de incomprensión entre dos personas justamente a nosotros que ponemos alma y vida en entender ese diálogo.
Porque eso es un "diálogo de oyentes": dos personas que oyen perfectamente y eligen no escuchar. Eso es. Así que desde ahora ya lo saben. Les regalo la frase. La pueden usar en sus lindos titulares. "Bush y Chávez en un diálogo de oyentes". Hasta queda bien y todos entendemos de qué hablan. Y así nadie le falta el respeto a nadie. ¿Está claro, o querés que te lo repita?
Y no viejo no... Eso no es un diálogo de sordos, eso es, exactamente, un diálogo de oyentes. Y te voy a explicar por qué, porque tengo tiempo y para eso estoy acá. Los sordos (aquí englobo a hipoacúsicos leves, moderados, profundos -yo- y sordos más o menos y sordos-sordos) cuando mantenemos una conversación, cuando estamos allí deseando ser parte de esa conversación, cuando la misma es parte del trabajo o de grupo de amigos, cuando queremos saber qué se está diciendo y oh milagro, hasta participar de la charla, cuando eso sucede, y aunque no escuchemos los sonidos como vos, los sonidos propiamente dichos, estamos entendiendo viejo. Cada palabra. Cada inflexión. Cada gesto. Cada tono. Cada movimiento corporal. Cada mirada. Estamos usando toda nuestra atención, inteligencia, viveza, todo nuestro cuerpo, toda esa parte del cerebro que dicen que no se usa mucho, estamos usando todo lo que somos para entender. Porque si queremos "escuchar", tenemos que estar ahí con nuestros seis sentidos enteros y al máximo. Concentrados únicamente en tus labios y en lo que intentás decir, aunque sea la máxima gansada. Tal vez nunca nadie te prestará tanta atención como nosotros en ese momento.
O sea que podés usar la expresión "diálogo de sordos" si querés ser un típico hijo de puta que dice "hoy conversé con un sordito, un tarado", como quien le dice "mogólico" a un tipo tonto, pero no podés usar esa frase hecha para hacer entender que no nos comprendimos. Porque tal vez no hayamos llegado a un acuerdo o a mí me parezca que estás equivocado, o discuta con vos, pero que te escuché, comprendí y entendí, eso seguro. Porque hacemos flor de esfuerzo. Por eso no entiendo por qué se usa la frase "diálogo de sordos". Por qué nos usan para clasificar un hecho de incomprensión entre dos personas justamente a nosotros que ponemos alma y vida en entender ese diálogo.
Porque eso es un "diálogo de oyentes": dos personas que oyen perfectamente y eligen no escuchar. Eso es. Así que desde ahora ya lo saben. Les regalo la frase. La pueden usar en sus lindos titulares. "Bush y Chávez en un diálogo de oyentes". Hasta queda bien y todos entendemos de qué hablan. Y así nadie le falta el respeto a nadie. ¿Está claro, o querés que te lo repita?
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