20 agosto 2012

LA SINTAXIS DEL IMPLANTE COCLEAR

Que mi dios ateo me libre y guarde de que alguien crea que lo que sigue es una crítica a los implantes cocleares. ¡Por favor! No tengo nada en contra de los implantes, me hincha los ovarios que cada dos por tres alguien me pregunte por qué no me implanto, y respondo que seguro me llegará el día en que ya no escucharé de otra manera que no sea con un implante, y entonces les daré el gusto y me implantaré con el dispositivo que mejor diga: ¡ESTOY IMPLANTADA! Pero por ahora no, no me rompan más, algunos ya parecen socios de la secta "Yo me implanté y quiero que todo el mundo se implante". Me hacen acordar a esas películas en que un ente va adueñándose de cada ser humano sobre la Tierra, y no está feliz -el ente, claro-, hasta no haber convertido a todos.

Dicho esto, pasemos al tema del día. (Sí, ya sé, no escribía desde hace meses. Qué quieren que les diga, tuve trabajo de verdad por primera vez en mucho tiempo, y todo lo que no ayuda a ganar los $24 por día que mi familia necesita para comer, tuvo que ser dejado de lado). Estoy vueltera hoy, regreso.

La sintaxis del impante coclear (o tal vez, la semántica del implante coclear) 

Como periodista muchas veces me ha tocado explicar (y otros me lo han explicado a mí), por qué no está bien decir "sordo" en vez de "persona con sordera", o "discapacitado" en vez de "persona con discapacidad". La cuestión, lingüísticamente, es bastante sencilla. En el primer caso ("sordo", "discapacitado") el déficit pasa a nombrar a la persona, la suplanta. El énfasis está puesto en la discapacidad, sea cual fuera. En el segundo ("persona con"), seguimos recordando, por suerte, que hay una persona, un ser humano que por x motivo posee una discapacidad, pero esta discapacidad no reemplaza su humanidad, no la renombra, no la identifica.
Explicado esto, me llama soberanamente la atención cómo las personas que usan implante coclear, o los padres de niños con implante, han comenzado a hablar del mismo, del momento en que se activa el aparato y de cómo siguen viviendo con él.

La primera vez que lo vi -o lo leí- fue en un grupo en Facebook, y me lo anoté en mi libreta de ideas para futuros cuentos y/o novelas, porque sentí que allí se escondía una historia. La situación era así: una madre se refería al primer encendido del implante coclear que llevaba su hijo, de esta manera:

"MAÑANA LO ENCIENDEN A FEDE".

Yo leí lo mismo que todos, claro, leí cada palabra como corresponde y el sintagma completo también: mañana-lo-encienden-a-Fede (no importa si era Fede o Maxi o Eze, era un chico, seguro). Pero como soy de naturaleza revirada, también leí mucho más. Leí:
Que esa mamá sentía que Fede nunca había estado "encendido" en tanto no escuchaba.
Que la vida de Fede se iniciaba con la activación del implante.
Y leí muchas otras cosas que ya se pueden imaginar.

Desde entonces, y en general siempre en páginas de Facebook, leí cantidad de otros pronombres clíticos. Y cada vez ese pronombre suplantaba a la persona, convertía la oración en otra cosa, lanzaba para un lado y para otro millones de lecturas distintas. 
Leí:

Hoy me activan.
Lo activaron.
(Lo mismo con "encender", y todas las variantes que quieran). 
¿Cuándo es el encendido de Juli?
Me calibraron de nuevo.
Mi hijo fue encendido de su segundo implante.
Y etc y etc.

Es decir, a la gente que lleva un implante coclear la encienden, la activan, la calibran, la cambian, la mejoran, la estimulan, la rehabilitan, y un montón de las más. A la persona, no al implante coclear, ni a la función que se relaciona con ese implante coclear, la audición.

Me dirán algunos que lo de arriba es "una forma de escribir", y yo digo que no. Lo de arriba es una forma de entender las cosas. 

Miren qué diferente sería todo si la gente pusiera:
Hoy activan mi IC.
¿Cuándo es el encendido del IC de Juli?
Me calibraron el IC de nuevo.
Fue encendido el segundo IC de mi hijo.

En los ejemplos reales, los que recolecté de Facebook, la persona ES el implante y no vale sin el mismo. En el caso de sintaxis correcta, hay una persona que usa un implante. 

No sé si soy la primera en notar esta "sintaxis del IC" y reflexionar sobre la misma. Hay que hacerlo, vale la pena. Esas palabras que parecen inofensivas (pero ninguna palabra es inofensiva y lo sé bien, vivo de las palabras), están mostrando una forma de entender la sordera que no me parece correcta ni sana. Nadie es su sordera, ni la sordera está antes que la persona. Ni el hecho de esconder la sordera debajo del IC provoca que esta desaparezca. La sordera seguirá estando allí, lo lamento si no lo quieren aceptar. El día que ustedes se desactiven por una falla en el aparato, o no se enciendan, o no se puedan calibrar, me pregunto qué sentirán, 

Tal vez sientan que han dejado de ser personas. 
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Notas al pie: 
Ninguna persona con implante coclear ha sufrido percance alguno durante la escritura de este post.
Las generalizaciones que se hacen en esta entrada son eso: generalizaciones. 









27 mayo 2012

EL ARTÍCULO DE CLARÍN

Creo que en este blog no hace faltan palabras extras, va el artículo:
Soy mamá, esposa, escritora y casi sorda

02 enero 2012

¡QUÉ MARAVILLA!

Imaginen la situación:
Recital de fin de año de la escuela de música a la que acude hijo menor que aprende batería (el pibe divino, qué puedo decir).

Bien, adelantemos. Dos canciones más, y el audífono me hace piiiiiip, pip, y yo meto enseguida mano en cartera para buscar pilas nuevas y... descubro que los dos compartimientos del portapilas guardan... ¡¡¡pilas usadas!!! En tanto el audífono vuelve a hacer pip pip con puntualidad espartana y muere ahí mismo, por falta de alimentación.

Años atrás yo me hubiera lanzado por una ventana frente a tamaño desastre. Pero ahora no. Ahora soy más grande (más vieja), y mucho más segura de mí misma. Y, por otra parte, la música la sigo escuchando. Escucho la batería y el bajo. No tanto el teclado. Nada una flauta traversa. Apenas las guitarras. Ni en joda las voces. Pero con lo que escucho mi mente arma la música y sobrevivo.

(Acotación al margen: a tres filas había un viejo con audífono. Le pregunto si tiene pilas 312, le digo que le pago una. El viejo me mira sin entender un joraca. La mujer me mira decididamente mal. Regreso a mi asiento).

La prueba de fuego viene cuando termina el recital y uno acostumbra acercarse a los profesores y comentar cómo estuvo todo y charlar un poco y despedirse hasta el año que viene. Pero hay más: habíamos quedado en charlar con el director de la escuela, que siempre quiere hacer algo conmigo (él música, yo letra, por supuesto), que siempre tiene algún proyecto.
Me mando.

Y aquí viene la maravilla del título. No porque sucediera algo maravilloso ni un milagro, sino porque a mí me resulta fascinante descubrir cómo funcionan las cosas en ciertas circunstancias. Y aquí hablaremos de memoria auditiva/lectura labial/construcción de la conversación. Sí, uau, todo eso.

Me acerco a E.F, el director de la escuela, y me enfoco ferozmente en sus labios. Él comienza a hablar. Yo creo estar entendiendo. Por lo menos, puedo leer en su boca las palabras que pronuncia. Lo estoy haciendo bien. Respondo cuando tengo que responder (con monosílabos, pero lo hago). Digo si y no y ah. Y no paso vergüenza.
Pero, aquí viene el pero, cuando me despido de E.F me doy cuenta de que no puedo repetir ni recordar nada de lo conversado.
Entendí las palabras. Pero no pude reconstruir la conversación.

Pongamos un ejemplo... Pongamos que uno tiene cierta ceguera en la que puede distinguir colores y formas, pero que aunque ve la copa verde del árbol y el tronco marrón, no logra darse cuenta de que esas dos cosas juntas hacen, justamente, un árbol.

Bueno, a mí me sucedió lo mismo auditivamente. Entendí palabras, pero que de nada me sirvieron para armar un significado. Es más, media hora más tarde, ya ni siquiera podía recordar esas palabras sueltas. Mi memoria a corto plazo las había desechado al no poder procesarlas y enviarlas a la memoria a largo plazo.

A veces, incluso con audífono, me pasa lo mismo. Escuchar en el momento una serie de palabras no significa que luego pueda recordar una conversación. E incluso cuando sí puedo recordar partes de una conversación, esto no quiere decir que entienda de qué corno estaba hablando el otro.

Y listo, nada más. No hay conclusiones ni enseñanzas. Le paso la posta a neurolingüísticas, neurólogos, otorrinos. El tema, a mí, me parece fascinante. Tal vez, en este año nuevo, me tendría que poner estudiarlo en profundidad.
Quién sabe...