09 marzo 2010

AY... AY...AY...

Voy a la mercería para arreglar el cierre de un pantalón. Llego y está cerrada en horario de apertura, pero veo que el dueño y vendedor se acerca, y lo espero. Mientras abre, masculla algo que por supuesto no entiendo. En realidad jamás le entendí nada, pero nuestra relación es de pocas palabras. Yo digo "elástico" y él me ofrece elásticos. Digo "dobladillo" y me arregla el dobladillo de un pantalón. Digo: "pitucones" y me muestra pitucones. En años que nos conocemos, nunca hemos necesitado de más diálogo.

Pero justo hoy se me ocurre preguntarle cuándo estará su madre para probarme un pantalón que tengo que achicar. Su madre es la modista, la que toma las medidas y pone los alfileres. Y simpática (ése debe ser el problema, yo no soy naturalmente simpática y cuando intento serlo me sale... así), agrego un comentario sobre su progenitora.

Entonces él me mira y me dice:
-Por eso te dije que había cerrado...vengo de esparcir sus cenizas.

¡Plop!

4 comentarios:

Romina dijo...

Ups!Un auténtico "trágame tierra" lo que te pasó...

Saludos, Vero!

Marial dijo...

¡Ayys! Siempre queda el consuelo de que a gente así (con la maravillosa costumbre de hablar como si no quisieran hacerlo) seguro que hay mucha gente que le malinterpreta, le vuelve a preguntar (seguro que para su desesperanza)o directamente le ignora. Vamos, que por una vez, el problema no es sólo de una...¡Saludos!
Ah, y ¡lo siento por la mujer!

Anónimo dijo...

Uyyyyy :(((

Anónimo dijo...

El anonimo soy yo, Olivia...otra metida de pata en el dia :(