09 marzo 2010

AY... AY...AY...

Voy a la mercería para arreglar el cierre de un pantalón. Llego y está cerrada en horario de apertura, pero veo que el dueño y vendedor se acerca, y lo espero. Mientras abre, masculla algo que por supuesto no entiendo. En realidad jamás le entendí nada, pero nuestra relación es de pocas palabras. Yo digo "elástico" y él me ofrece elásticos. Digo "dobladillo" y me arregla el dobladillo de un pantalón. Digo: "pitucones" y me muestra pitucones. En años que nos conocemos, nunca hemos necesitado de más diálogo.

Pero justo hoy se me ocurre preguntarle cuándo estará su madre para probarme un pantalón que tengo que achicar. Su madre es la modista, la que toma las medidas y pone los alfileres. Y simpática (ése debe ser el problema, yo no soy naturalmente simpática y cuando intento serlo me sale... así), agrego un comentario sobre su progenitora.

Entonces él me mira y me dice:
-Por eso te dije que había cerrado...vengo de esparcir sus cenizas.

¡Plop!