10 enero 2010

PRIVILEGIOS Y BOLUDECES

El otro día me descubrí pensando algo tan pero tan inmensamente pelotudo, que por un momento dudé de mi capacidad intelectual, mi sistema cognitivo y mi salud mental. Algo tan profundamente boludo, tan majestuosamente boludo, que si alguien, en algún comentario me llega a decir que lo que escribí es una boludez, no me quedará más que responder: "¡ya lo sabía, boludo!".

Pensé, digo, que si algún día me implantaba, y me iba bien, y de pronto comenzaba a escuchar tantos sonidos que hoy no escucho ni siquiera con el mejor audífono digital (el timbre de la puerta, a pesar de estar a un metro del portero eléctrico), el timbre del teléfono (a pesar de tenerlo a treinta centímetros), que me llamen de otra habitación, que me llamen cuando doy la espalda, las sirenas de las ambulancias (como verán, mayoría de sonidos agudos), iba a perder ciertos privilegios de sorda.
Eso pensé. Me preocupé por los privilegios que supe conseguir y aprendí a disfrutar, más que por la maravilla de volver a oír.

Veamos algunos ejemplos prácticos:
Cuando en alguna oficina, comercio, sanatorio o lo que fuera, llaman por número, yo acostumbro acercarme y avisar que no escucho, y en general me hacen pasar antes. Si con el implante escucho el número, tendré que esperar.
A pesar de mi independencia casi total, en algunas cosas necesito ayuda: algunas llamadas telefónicas (aunque hablo por teléfono, a veces pido el favor), que me vengan a llamar si me necesitan, que me avisen si sonó el timbre y, aunque la independencia total y absoluta suena bien, cuando uno se ha acostumbrado a no tenerla... perder ese poco de contención produce temor.
Si mi marido puede llamarme desde el baño cada vez que se olvida la toalla (que son todas las veces) y yo lo escucho (a pesar de que en general lo escucho pero me hago la que no, porque el tipo tiene un vozarrón del que me enamoré incluso antes que de él), ¡voy a tener que buscarle la toalla, carajo, y nunca va a aprender a fijarse antes de entrar a la ducha!
Siguiendo la misma línea, ¡me voy a tener que levantar y ocupar de los demás cada vez que me llamen!
Y algo fatal: les conté que tengo un arreglo con mi supermercado, por el cual me traen el pedido dentro de la hora. ¡Imaginen si tengo que quedarme en casa cinco horas esperando las malditas compras!
Y hay cien cosas más.

Es decir... ¡me convertiría casi en una persona normal! Sería una del montón. Una más. Esperando con el rebaño. Yendo allí a donde van todos. A menos, claro, que me sacara el implante y lo guardara en la cartera cada vez que necesito volver a ser sorda. Eso no está mal... no lo había pensando...

Como ven, el tema del implante no puede tomarse a la ligera.
Después no me digan que no les avisé.

4 comentarios:

Susana dijo...

Hola Vero, hacía tiempo que no te escribía un comentario. Siento que me lees el pensamiento en la distancia; será porque tenemos varias cosas en común?. Una vez me llegaron a decir que esa "dualidad" no valía, que no podía ser que para unas cosas el estar sordo "sí" y para otras "no"...y yo sintiéndome culpable...pero, sabes?, ahora pienso que todos tenemos nuestras cartas en la vida; a veces jugamos y sale bien y otras jugamos y sale mal. Yo voy a aprovechar "mi carta", claro que sí!. La persona que me lo dijo seguro que tiene las suyas y también las utiliza según más le convenga. Mil besos desde España...que hace un frio!.

Ivana Carina dijo...

Aajajaja! Me mató esto:

Es decir... ¡me convertiría casi en una persona normal! Sería una del montón. Una más. Esperando con el rebaño. Yendo allí a donde van todos. A menos, claro, que me sacara el implante y lo guardara en la cartera cada vez que necesito volver a ser sorda. Eso no está mal... no lo había pensando...

Muchas veces he pensado que cuando me llegue a levantar de la silla "mis privilegios" saldrán caminando y se irán más por allá... Jaja!

Muy bueno, como siempre!! ;)

Besotes!!

olivia dijo...

Hola Susana, me animo a escribirte un comentario por primera vez porque esas boludeces que pensaste yo ya las pensé miles de veces. Como sabrás yo tambien tengo una otosclerosis y eso me identifica más con vós.

Tengo un implante hace un año y te aseguro que no oigo todo lo que decís a la perfección, es más creo que nunca oiremos como una persona normal a pesar de tener un implante. Al teléfono no lo atiendo casi nunca, porque me entero de la mitad. La gente habla muy rapido o qué sé yo que. A veces oigo el teléfono mejor que otras veces así que no se tienen que fiar conmigo. La tele la oigo muy bien pero entiendo pocas palabras. Son palabras aisladas, algunas veces unas frases. El timbre sí lo oigo pero como no voy a entender cuando me digan quién es sigo sin atenderlo.

Si me hablan de lejos los escucho pero no los atiendo ya que no discrimino las palabras de lejos así que sigue en vigencia la obligación de acercarse a mi si me quieren decir algo, faltaba más. Bueno, es que cuando te activan el implante no salís escuchando milagrosamente todo. Es un largo aprendizaje pero es fabuloso. Descubro sonidos maravillosos y son muchos más agradables que los audífonos. Todavía tengo un largo camino para recorrer y no sé qué oiré bien. Mi mayor reto es la música, ya discrimino algunas canciones conocidas, pero no siempre y las nuevas me suenan todas igual.

Para disfrutar del implante - que me falicita bastante y alegra con sus sonidos- no tengo que pretender oir como si fuese una normoyente. No lo seré nunca y no estoy preocupada por ello.

Así que sacate esas boludeces de la cabeza, jejejeje, que las conozco muy bien. Lo que tenemos es miedo a lo desconocido, si lo sabré. Pasé treinta años para decidirme a hacer el implante pero no me arrepiento por ello pq antes teniamos que cargar con una caja en la cintura y el sonido no deberia ser igual.

Además no necesitás poner el implante en la cartera. Cuando no quieras oir, sólo apagalo discretamente y listo. Si te preguntan algo decís que se te acabó la batería.

Ahora mismo te enlazo, no lo hice antes porque se me rompió el pie y estoy que no veas.

Beos

Fernando dijo...

Cuando un otorrino me dijo que con el implante iba a perder todas las habilidades de lectura de labios y de lenguaje corporal que fui incorporando, me asusté un poquito.
Amo no atender el teléfono. Amo el email. Amo poder ignorar charlatanes o insoportables en general. Me encanta enfocarme en lo visual y lo tactil. Y que no me molesten demasiado las alarmas de los coches o los ruidos de las obras en construcción.
Pero si tuviera el dinero creo que me haría el implante. Apagándolo cada tanto, eso sí.