06 julio 2009

¡SÁQUESE EL BARBIJO! ¡SOY HIPOACÚSICA!

Sí, ya sé, estoy obsesionada con el tema. (Sí, estoy obsesionada con el tema). Lo que sigue es una carta que acabo de enviar aldiario Clarín. Va aquí, que por supuesto es donde debe estar:

Se sabe y se dijo: el barbijo sirve para quien está enfermo, no para el sano. Pero en medio de tanta psicosis y desinformación, el barbijo comienza a imponerse como moda, junto a los guantes descartables y el frasquito con alcohol en gel. Un trío que promete servir como caparazón para que la temida gripe nos pase por al lado.
Está bien, cada uno tiene derecho a cuidarse como quiera. Pero lo que me llama la atención es que nadie haya hablado todavía de los barbijos y la sordera. La relación es simple: las personas hipoacúsicas y sordas nos relacionamos con los demás, en general, leyendo los labios. Yo escucho bastante, pero si no veo la boca del otro, la voz es puro ruido. Incluso quienes poseen la LSA (lengua de señas argentina) como lengua natural, acostumbran leer los labios de quienes no pueden comunicarse con las manos.
El barbijo del otro, entonces, nos aísla. Nos deja a un costado de la sociedad. No hay manera posible de que escuchemos o comprendamos las indicaciones de un médico embarbijado, la pregunta de un mozo, las indicaciones de un empleado.
Es por ello que ofrezco, desde mi lugar como periodista, y además hipoacúsica, una serie de recomendaciones o sugerencias para seguir "funcionando" en medio de la pandemia:
Si usted es sordo o hipoacúsico, pídale a la persona con quien tiene que hablar, y que usa barbijo, que se lo quite y se comunique a un metro de distancia. Maravillas de la lectura labial: podemos entendernos sin emitir sonido, y a bastante distancia.
Si no es posible alejarse, lleve a un intérprete. Alguien que escuche y le diga qué está diciendo el otro. Este método significa perder independencia y autonomía, pero no me diga que alguna vez ha tenido demasiada independencia y autonomía. Si el intérprete no acepta quedarse sin barbijo, intente llevar a un intérprete para el intérprete.
Otra posibilidad es regresar al siempre vigente sistema de escritura. Pídale al otro que le escriba lo que le tiene que decir. Por supuesto, antes y después del hecho, pásele alcohol en gel a la lapicera. Y por qué no, también a la libretita.
Y si todo esto no funciona, pues deje de intentar comunicarse con los demás -que en general no tienen mucho para decir-. Quédese en su casa, lea y mire películas subtituladas por lo menos hasta que lo peor pase. No será parte de la sociedad pero seguro, tampoco se contagiará gripe A.

4 comentarios:

Alicia R. dijo...

No lo había pensado, pero ¡cuanta razón!
En mi defensa puedo decir que no uso barbijo, ni estuve con ningñun hipoacúsico ultimamente.

Un beso

Ivana Carina dijo...

Yo ya te dije: barbijos transparentes.... Jeje! ^.^

Pero en serio, es un bajón.

Nadie piensa en esos detalles, todos viven en "su mundo", y así estamos....

Un besote, Verónica!
Y estoy sanita, así que no hay posibilidades de contagio... Jeje! :P

Romina dijo...

Hola Vero!

Yo tuve la suerte de no cruzarme con nadie que me hablara con barbijo puesto.

Claro que casi no salí de mi casa, no hice trámites, no pisé un hospital en todo este tiempo y pasé muchas horas en la PC... Pero bueno, algo es algo :P

Besos!!

Graciela dijo...

La odontologa tambien usa barbijo y no le entiendo nada, le digo puede hablar mas fuerte? y me repite en el mismo tono de antes...