28 abril 2009

APOCALIPSIS

Está llegando.
Pasó en Oriente, con la gripe aviar.
Pasa ahora, con la gripe porcina.
De a poco las imágenes de los noticieros
comienzan a poblarse de
seres anónimos con barbijo.
Creemos que no nos pasará.
Que a nosotros no.
Pero un día llegan a nuestro país.
A nuestra ciudad, a nuestra cuadra.
Ya están golpeando a la puerta.
Les ponemos el barbijo a nuestros hijos, sin pensarlo.
Nos ponemos barbijo.
Y salimos al mundo sabiendo que el mundo terminó.
El apocalipsis.
Algo que sólo había sucedido en algunos
países musulmanes y bajo la sharia.
La burka.
(A nosotros no, a nosotros nunca nos pasaría).
El barbijo es nuestra burka.
Los demás no se dan cuenta, no lo saben.
¿Son fantasmas ellos,
o nos hemos convertido en fantasmas nosotros?
Millones de sonidos y ninguna boca.
Está llegando.
El día en que ya no podamos leer los labios.

22 abril 2009

NUEVAS DEFINICIONES

Biónico: persona con implante coclear.

Digital: persona que utiliza audífono digital.

Analógico: persona que utiliza audífono analógico.

Manual: persona no equipada.

Ejemplos de cómo utilizar las nuevas definiciones:

-Che, ¿llegó el biónico?
-No... el manual nada más.
-Ah... entonces espero, porque a ése tenés que modularle mucho, se me cansa la mandíbula.
-Y, sí... lástima el ruido ambiente... nos tendríamos que haber reunido en otro lugar.
-A mí no me jode, porque ahora que soy digital el ruido ambiente me bajó mucho. Porque la cosa me los gradúa, como que los filtra. ¿Y vos..?
-No, yo sigo siendo analógico, escucho todo igual, voces y ruido, ¿viste?
-Y bué...
-Y bué... qué le vamos a hacer. Mirá, ahí viene le biónico.
-Ése se da unos aires ahora...

01 abril 2009

EL DIA EN QUE NO TUVE OTOESCLEROSIS

Hace dos o tres años me realicé el último gran chequeo auditivo en: audiometría, logoaudiometría, timpanograma, resonancia magnética de ambas cócleas y densitometría coclear, como para ver cómo andaba la cosa por allí.

Y se produjo el milagro: por un día, no tuve más otoesclerosis coclear.

Los estudios fueron directos y precisos: mis cócleas gozan de excelente salud. Por lo menos para el resonador magnético en el que me metí, y para el aparato que midió la densidad de los huesos, mis cócleas parecen cócleas comunes y cualunques, sin secretos ni vergüenzas. Dos cócleas como es debido, que de todos modos no cumplen su papel.

Eso ya me turbó un poco. Si mis cócleas son tan sanas, ¿dónde estaba mi otoesclerosis coclear? ¿Las huellas del calcio destruyendo el pequeño caracol? ¿Los agujeros por los que se me cuela el sonido?

El médico a cargo de mi problema no se hizo demasiado problema, y en menos de los quince minutos que duró la consulta, me cambió el diagnóstico de toda la vida. Yo no tenía más otoesclerosis coclear, tenía:
"Síndrome del acueducto vestibular aumentado".

Ahhhhhh... qué bárbaro...

Y eso, ¿con qué se come? Veamos:

Síndrome del acueducto vestibular aumentado: constituye una de las malformaciones más frecuentes del oído interno. El acueducto vestibular es un canal óseo que se extiende desde la pared medial del vestíbulo hasta la cara posterio del hueso petroso. A través del canal discurren el conducto y saco endolinfáticos, que contienen endolinfa. El acueducto vestibular se considera aumentado cuando mide más de 1,5 mm de anchura.
Los pacientes con este síndrome habitualmente presentan moderado déficit neurosensorial auditivo en la infancia, que progresivamente va aumentando con la edad. Es frecuente la afectación bilateral, y existe un ligero predominio en el sexo femenino. No suelen existir antecedentes familiares. La severidad de la pérdida auditiva no se corresponde con el tamaño del acueducto.
En resumen: la asociación de pérdida auditiva neurosensorial de inicio temprano y la malformación anatómica constituye el "síndrome del Acueducto Vestibular Aumentado".

Repasemos: hipoacusia bilateral moderada en la infancia, que progresa con la edad. Mujer. Sin antecedentes familiares. ¡Bingo! Están hablando de mí.

Pero... ¿por qué nunca nadie me había dicho esto?
Porque este síndrome se conoce sólo desde que existen las resonancias magnéticas, y si uno ya está diagnosticado, nadie te va a llamar para hacer un cambio.
Ah...

Entonces... ¿me podría haber curado? ¿Podría haber tomado algún remedio, alguna cirugía, algo que impidiera la sordera?
No. No tiene solución.
Ah... entonces es igual que la otoesclerosis coclear...
Y, sí.
Pero... ¡sin el miedo a tener hijos!
Y, sí.

Y pensar que yo recuerdo que cuando me diagnosticaron, le dijeron a mis padres que yo era uno de los contadísimos casos mundiales de otoesclerosis coclear en la infancia (se me detectó pérdida de audición a los seis).
Mmmm...

Ok... tranquilicémonos. Uno entra a un consultorio médico con un diagnóstico que conoce desde hace más de veinte años, con el cual ha aprendido a convivir, no digo a llevarse bien, pero por lo menos a aceptarse uno al otro, y sale con otra cosa. No es como para tomárselo para la joda.

Me enojé. Y mucho. Me angustié. Pensé en todo tipo de demandas por daño psicológico y error de diagnóstico, aunque mis oídos siguieran igual. Alguien tenía que tener la culpa.

Entonces, acudí al médico mayor, para pedir explicaciones.
Y el médico explicó: que seguía teniendo otoesclerosis coclear. Bien. Que era muy bueno que mis cócleas estuvieran bien, porque eso significaba que la enfermedad estaba detenida. Bien. Y que los "agujeros" clásicos que en general deja la otoesclerosis, seguramente habían sido rellenados por años de medicamento que él había recetado. Bien. Todo muy lindo. Ah, y que eso del síndrome del acueducto vestibular le parecía medio verso. Bien. Algo muy nuevito y producto de tecnología demasiado quisquillosa. Bien. Pero que igual existe, y seguramente venía acompañado de la otoesclerosis. O al revés, la otoesclerosis con esa cosa aumentada. Bien. Y que igual el tipo de hipoacusia era la misma, para qué tanto problema. Bien.

Salí del consultorio con otra vez el cartelito que decía: "otoesclerosis coclear".

¿Me la creí? ¿Y desde entonces para siempre?

Mmm...

Guardo estudios de mi juventud que dicen claramente que se vé la otoesclerosis coclear. Era un tipo de tomografía antigua que hoy en día ya no existe.

Mmm...

A lo mejor soy un fraude. Escribo un blog sobre otoesclerosis sin tener otoesclerosis.
¿Eso cambia algo?
No, la verdad es que no cambia nada. Sólo el hecho de que yo quiero saber realmente qué tengo.

Supongo que la próxima vez que me toque una resonancia, voy a insistir en las medidas y los anchos de cada acueducto, dique o lo que fuera.

Pero bien. Eso pasó.
Lo único que tengo muy en claro, es que yo sigo siendo sorda.