29 septiembre 2008

YO NUNCA ME ENTERO DE NADA

Típica conversación entre conocidas. Fin de semana en el club.
Ella: piripirií, estoy bien, ¿no?
(Ella dice algo que no entiendo, mientras se palpa el abdomen. Como es gordita, y me parece haber entendido lo de "estoy bien", asumo que está a dieta, pero como no puedo afirmarlo, mi respuesta es la siguiente):
Yo: -Sí... bien...
(Absolutamente impersonal e imprecisa. Puede estar bien ella, el tiempo o que se pague la deuda con París).
Ella, sin embargo, parece esperar algo más. Lo noto en su mirada. Se queda parada sin continuar el diálogo. Yo, agrego:
Yo: -Porque hasta ahora, con el frío y los pouloveres... no se notaba...
(Intento decirle que está bien, que se nota que está más flaca, y a la vez me disculpo por no haberlo notado antes).
De pronto aparece otra conocida a mi izquierda (mi lado "equipado" recuérdese, y dice y yo escucho claramente):
Otra: -para mí, va a ser una nena.

Yo me quedo un segundo en blanco. Sonrío como una tarada, y digo que tengo que ir a buscar a los chicos.

Dicho en criollo: huí de una situación que no pude manejar. Lo normal hubiera sido que felicitara a la embarazada. Pero la embarazada me estaba hablando como si yo ya tuviera que estar enterada. Y el no haberlo sabido me hizo sentir una reverenda pelotuda.
Seguramente quedé como una hija de puta. Y como no es la primera (ni la segunda, ni la quinta, ni la milésima) vez que me pasa algo así, me doy cuenta de que muchas otras veces debo haber quedado como una idiota o una hija de puta, y por eso me va como va en el tema de las relaciones sociales.
(Mal).

Ya lo sé: lo normal, lo inteligente, lo maduro, habría sido explicar toda la situación. Que no me había enterada. Felicitar a la futura mamá. Preguntarle cómo estaba. Explicarle además que le estaba respondiendo cualquier cosa, basándome en las pocas palabras fuera de contexto que había captado.
Pero, el hecho de que escriba este blog y haga públicos mis pesares otoescleróticos de ninguna manera significa que por fin haya llegado al momento de plenitud (normal, inteligente y maduro) en relación a mi hipoacusia.

El tema me mantuvo pensando el resto de la tarde, porque de verdad me sentí mal por no haberme enterado, por un lado, y por no haber podido manejar la situación, por el otro.
Porque me doy cuenta de que, a lo largo de mi vida, yo nunca me enteraba de nada.

Cuando era chica se planeaban maldades escolares, aparecían alumnos nuevos, se iban otros, se organizaban encuentros, se hacían alianzas contra unos o a favor de otros, se inventaban chismes, y yo nunca me enteraba.

En la adolescencia se hacían y deshacían noviazgos, se perdían virginidades, se descubría en conjunto la anatomía masculina, se hacían acuerdos sobre modas, se utilizaban de pronto palabras claves, se rompían amistades, se armaban rebeliones, y yo nunca me enteraba.

De grande se embarazan amigas, se separan otras, alguna se hace las lolas, los hijos tienen problemas, una se muda, otra estuvo internada, alguien cumplió años y no nos invitó, ponen un lugar de encuentro, y yo nunca me entero de nada.

Nunca, nada.

De chica creía que la vida estaba en contra mío, y que mis supuestas amigas no me contaba lo que pasaba justamente porque de amigas, sólo eran "supuestas".
Y así me sentía, apartada.

Incluso aprendí a vivir apartada. Durante los campamentos, en mi adolescencia, yo era la única que se iba a la noche a dormir a la carpa. Todos los demás pasaban las horas alrededor del fogón. Pero yo no. Me iba porque decía que estaba cansada. Y recién ahora descubro que era porque en la oscuridad, con audífono o sin audífono, no podía escuchar.

Recuerdo otra situación: un viaje en tren a Mar del Plata, con dos amigas. Yo tenía unos 20 años, y justo en los asientos de al lado viajaban un grupo de chicos de la misma edad. En el vagón, apagaron las luces y se encendió la conversación. Yo me hice la dormida.

Pero ahora... ahora trato de enfrentar la situación. Por ejemplo, durante los últimos tres años (ahora ya no) fui parte de un grupo social y compartí, por lo tanto, todas las actividades sociales que se organizaron. Y siempre estuve absolutamente atenta a todas las voces, comentarios y conversaciones a mi alcance. Hice el esfuerzo humano y sobrehumano por estar integrada y escuchar. Y sin embargo, no me enteré de cosas elementales como embarazos y cirugías estéticas. Asuntos que no se guardan entre amigas.
La única conclusión a la que puedo llegar es que esas cosas se dijeron, se dijeron en mi presencia, y yo no las escuché. Y como no escuché siquiera un indicio, una palabra que me llamara la atención, un sonido que pudiera decodificar, esa información sonora no existió para mí.
Es decir: no pude preguntar "¿quién está embarazada?", si nunca escuché la palabra embarazada.
Es como ponerle a un ciego, frente a los ojos, un objeto, y esperar que adivine qué es. Para él, allí no hay nada.

Estas situaciones repetidas repercuten negativamente (y muy negativamente) en la vida social de las personas hipoacúsicas. O por lo menos en mí.
Yo no sé si el otro me contó o no me contó. Si quiso o no que yo supiera algo.
El otro no sabe si yo lo sé y no me importa (a nadie le gusta estar embarazada y que el otro no se interese por su estado o le pregunte por lo menos cómo se siente), y es imposible que pueda entender que si contó algo delante mío, yo no lo escuché (no escuché nada).

El esfuerzo, por supuesto, debo ponerlo yo. Juro que en cuanto vuelva a encontrarme con la chica embarazada le contaré lo sucedido (que no sabía, que no le entendí, y que la felicito). Pero sé que volverá a suceder. Y
más de una vez.

A lo mejor un día alguno de mis hijos aparece con una novia de la que me había contado, y yo no me enteré.
O mi marido me confiesa una infidelidad y gracias a no escucharlo el matrimonio continúa sin problemas.
O me piden un texto para publicar y yo nunca lo entrego.

Una cosa es no entender algo y pedir que te repitan, y otra muy diferente es no enterarte nunca que no escuchaste. Es toda una aventura. Una montaña rusa emocional.

Y como no se puede ir por la vida con un grabador para desgrabar las conversaciones al llegar a casa y enterarnos si lo escuchamos todo (y además, ¿quién desgraba?) lo único que queda es asumir la situación, intentar enmendar cada pifiada y, de última bueno...

Una nunca se entera de nada.

01 septiembre 2008

PAUTAS PARA LA INTEGRACIÓN

En Logogenia, situaciones y comportamientos que los docentes deben tener en cuenta al tratar con alumnos hipoacúsicos.

QUE SE CUMPLA

SUBTÍTULOS PARA LOS PROGRAMAS DE TV
(Diario Clarín, 29 de agosto de 2008)

El Gobierno estableció que los canales de televisión abierta deberán subtitulos toda la programación, con un sistema que permita optar por esa variante a las personas con discapacidad auditiva. El titular del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), Gabriel Mariotto, dispuso que los programas grabados tendrán hasta tres meses para implementarlo, mientras que las emisiones en vivo podrán incorporarlo hasta en un año.