27 julio 2008

NO FICCIONES DE TERROR PARA EL INVIERNO

Cuando pensaba que ya no sucedería, que la mente humana había evolucionado, que el exceso de información de esta era virtual había colonizado hasta los últimos rincones de la ignorancia... me vuelven a encontrar con las defensas bajas.

No ficción I
Banco Mayo, Flores. Retiro un número para un trámite y me doy cuenta de que este número no tiene nada que ver con el que aparece en la única pizarra electrónica del lugar. Me acerco a una empleada y pregunto:
-¿Dónde anuncian estos números?
La empleada, apenas salida de su etapa púber, me responde:
-Yo voy llamando.
-Ah -le digo- por favor fijate que tengo el 33 y voy a estar ahí, porque soy sorda.
La niña me mira. Sus ojos se agrandan por el pánico. Su barbilla se agita. Mira al joven a quien está atendiendo. Vuelve a mirarme a mí. Se nota que intenta pensar. Que en su cerebro se están produciendo conexiones dendítricas de las que no puede escapar. Entonces extiende sus manos y me mira.
-A-HO-RA- -grita abriendo tanto la boca que temo que se le rompa la mandíbula. Hace gestos con ambas manos que no comprendo. Mira los números pinchados que tiene a su lado y, con los dedos, hace un dos y un tres. Mira al joven otra vez y le pregunta: -¿cómo le digo? Vuelve a mirarme, se lleva las manos a la altura de la cara y vuelve a hacer un 2 y un 3 señalando los otros números.
Yo creo que a esta altura mi presión ya debe estar en 18-12. La gente me mira.
Con un tono de voz muy bajo y creo yo, tranquilizador, le digo:
-Mirame. Tranquilizate. ¿Ves que te estoy hablando normal? No soy estúpida, soy sorda nada más.
Ella deja caer sus manos y me mira con aire ofendido. Soy una bestia. Ella estaba haciendo esfuerzos sublimes por comunicarse conmigo y yo le lancé la incomunicación a la cara.
-Tengo el 33, ¿ves? -le digo- cuando toque avisame.
Me retiro. Ella le cuchichea algo al joven. Se le nota el agotamiento. Como no quiero que me llame con señales de humo, me quedo, desde el número 23 hasta el 33, parada al lado del sector. Por suerte me atiende otra empleada.

No ficción II
Ésta la provoqué yo. Con alevosía y premeditación. Pero sé que me comprenderán. Lo admito: a veces intento abusar del certificado de discapacidad. Es como un pequeño papelito que te ofrece cierto poder, y ya sabemos que el poder es adictivo.
Supermercado Coto sucursal 61 (enfrente de mi depto.) Resulta que cuando uno hace una compra con pedido de envío a domicilio (que te cobran) tiene que esperar, los días viernes, hasta 4 horas para recibirlo.
Y el problema es que yo no escucho el timbre. Por eso cuando alguien tiene que venir a mi casa, me dice a qué hora llegará o me avisa por el celu desde abajo. Esto es verdaderamente problemático (porque la gente de los services, por ejemplo, nunca viene a la hora que dice) pero por eso tengo instalado un sistema de luces. Si suena el timbre, la luz se prende si está apagada, y se apaga si está prendida (la del techo, la que ilumina el ambiente). Parece maravilloso pero no lo es tanto. Primero, el sistema se quema seguido y hay que cambiar un relé que no es fácil de conseguir, y puedo quedarme sin sistema hasta meses. Segundo, no está instalado en todas las habitaciones (por ejemplo, no está instalado en el baño ni en la pieza de los chicos). Tercero, si el lugar está muy iluminado (y vivo la dicha de tener un depto. increíblemente luminoso) no me doy cuenta de que la luz se prendió. O sea que mágico no es.
Además, no puedo estar 4 horas seguidas sin ir al baño, sin moverme por la casa, sin dormir una siesta si puedo hacerlo, con las persianas bajas, esperando el puto envío de Coto.
Entonces, como a mí se me ocurren seguido esas ideas geniales (y Coto ofrece ciertos servicios para personas con discapacidad, como la posibilidad de no hacer la cola en la caja si tenés una discapacidad muy pero muy visible, o la compañía de un empleado a la gente ciega), me acerco a la encargada de ese día, con mi certificado, a pedirle que por favor necesito recibir mi pedido como máximo en una hora, para que la tarde no sea un sufrimiento interminable. Y ella, con ese rictus de curso de márketing "cómo tratar al cliente sin escucho ni entenderlo" me dice que no. Que no y que no. Que no le importa. Que no hay excepciones. Y yo, que después de todo no estoy pidiendo algo tan horroroso, (y además vivo enfrente, no lo olviden) me sulfuro. Pongo mi voz de maestra ciruela, que es la peor voz que puedo poner, con ese tono bajo y didáctico útil para conversar con personas con menos de media neurona, y le hablo de comprensión y discriminación. Pero no. Ella dice que no. Una vez en la batalla, no puedo volver atrás. Mi suerte ya está echada. Le pido hablar con el gerente. Me lo niega. Le pido su nombre. No me lo dá, a pesar de que todas sus compañeras llevan un cartelito con sus datos (ella lo tiene debajo del abrigo). Como es muy jovencita, para darle una lección, le digo que la voy a denunciar al Inadi. Se asusta y se aleja cerrándose muy bien la campera para que yo no pueda descubrir quién es.
Por fin consigo al gerente. Le vienen hablando entre tres de la clienta loca del día. Cuando él llega, me hago la persona más amable del mundo. Tanto, que él termina diciéndome que lamentablemente no hay presupuesto para capacitar como corresponde a las chicas con abrigo, y dice que todo tiene solución. Yo le digo que claro, que si las chicas lo único que saben decir es "no se puede", no van a llegar muy lejos en la vida.

Digo yo, ¿llegará el día en que estas situaciones ya no se produzcan? ¿En que todos sepan tratar a todos según sus necesidades? No, ya lo sé. Hago preguntas estúpidas yo.

Hasta la próximo no ficción en la que perderé los estribos, o me pondré coloradísima, o me sentiré la persona más pelotuda del mundo, o me desquitaré con alguien, pero sobre todo, me sentiré muy pero muy sola.

13 comentarios:

maria dijo...

aayyy! en coto cual sancho pansa contra los molinos de viento!Admiro tu valor. Yo en los lugares públicos jamás digo que soy sorda. Y si se dan cuenta, porque puedo ver con el asombro que miran mi audífono,me siento chiquitita,chiquitita.Tengo el certificado y NUNCA lo usé. Ni se que tengo que hacer para viajar en colectivo,lo que sería útil por la falta de monedas. Como todos dicen que "no se me nota", me aterra pensar que el colectivero insista en revisar mi oido.ja.

Jazmin dijo...

Hola Veronica cuanto te entiendo, me pasa como Maria yo tbien me siento muy chiquita pero sabes q armo el valor y le explico todo para q ellos se sientan mas chiquito, hay q ser un poquitito agresivo sino te pasan por arriba.
Yo lo estoy trabajando no me es facil...
te mando un abrazo a vos Vero y Maria

Verónica Sukaczer dijo...

Hola niñas, gracias por opinar.

María: yo tengo el certificado desde el año 2000, y sin embargo recién a fines del año pasado me animé a usarlo para viajar en colectivo y subte. Sentía lo mismo que vos, que me iban a decir algo. Pero se sumaban los gastos... no tenía monedas... y me mandé. Y nunca pero nunca he tenido problemas. Llevo siempre encima una copia chiquita y plastificada del certificado, subo al colectivo en silencio, lo muestro como si nada, y listo. Sé que hay muchos certificados truchos (como es una fotocopia, es facilísima hacérsela para viajar gratis) pero si surgen dudas yo muestro la cédula también, y al fin aprendí a no sentirme como si me pescaran haciendo algo malo.

cecilia dijo...

Verito
como siempre, son geniales tus escritos... creo q si nos juntaramos todos los que nos identificamos con nuestra otoesclerosis hariamos un buen libro con nuestras experiencias...
Aquí en Chile no hay este tipo de certificados, salvo q tengas discapacidades visuales, mentales, físicas bastante grandes... pero para nuestros oidos, sólo cuando se tiene más de 65 años hay algo de ayuda del gobierno, para el resto no alcanza...
cariños y saludos
cecilia

celeste dijo...

Hola, acabo de hacer un comentario extensísimo y no lo leo. son moderados previamente o hubo un error?
a ver...

celeste dijo...

Sip, hubo un error.
Ufa, repito entonces:
Te decía Verónica que llegué acá saltando de blog en blog desde Bestiaria y cuando leí hipoacusia en tu lista se me detuvo el corazón. Fue una invasión de algo que no quiero saber en este mundo del blog que me reconforta.
Tengo 40 años, otoesclerosis congénita y estoy pensando en colocarme mis primeros audífonos.
Porque ya no puedo ver cine en castellano y termino el día agotada tratando de entender lo que dice la gente para no quedar como boluda.Cansada de simular que entendí el chiste y de reírme por imitación.
Había pensado en abrir un blog y titularlo "sorda y pelotuda" en alusión al viejo chiste sobre sordos.Creo que voy a escribir algo sobre esto, en mi blog.
Además de oír mal, tengo éxito en mis trabajos, soy extrovertida y simpática. La gente espera otro estereotipo, cree que me hago la distraída y yo los dejo con esa idea.
Creo que llego la hora de asumir, o no voy a sobrevivir al estres.
Bueno,nada.
Supongo que gracias!
Besos
Perdon la lata, esto resultó catársis.

modlikan dijo...

estoy totalmente de acuerdo contigo...a mis 24 años se supone que debo usar el certificado cuando subo un colectivo en capital o en mi ciudad pero a veces me siento chiquitita pero también está el tema de " no soy de las que se me notan"...no sé si te pasa lo mismo..

lidio todos los dias con "no se te nota para nada" cuando tratás de mostrar que no es facil...pero bueeee quizás deba postear esto en mi blog....

besitos vero!

mae-lahermanademaria dijo...

ayyyy
es que ella es muy tierna

mae-lahermanademaria dijo...

ayyyy
es que ella es muy tierna

lazyastaroth dijo...

Hola Vero, perdona que me tome las confianzas, pero te llevo ya leyendo unos meses y es como si te conociera.

Yo no tengo otosclerosis, tuve un accidente grave automovilistico y año pasado y perdi el 70 de un oido y el 80 de otro, entre otras cosas. De todas maneras tu blog me ha servido para aprender muchas cosas, y para sentirme menos un bicho raro. ^^ Ya te hare mas comments. Saludos

Verónica Sukaczer dijo...

Hola niñas. Bienvenidas a las reciénvenidas. Todos aquí nos ahorramos terapia :-).
Lazy: sobre tu comentario, la verdad es que al poco tiempo de titular "Otoesclerosis" al blog, me arrepentí, pero ya no podía cambiar el vínculo. Mi idea era hablar de hipoacusia y no concentrarme en una patología. Pero en fin... me alegra que me hayas encontrado. Me voy a leer tu blog y otros nuevos que hay por allí.

Mary Sáenz (La Rorra) dijo...

Uyy si yo les contara las que he pasado!!! Una vez, harta porque aqui en los bancos uno espera por horas para que lo atiendan me voy a la ventanilla para discapacitados. Me acerco y la chica, muy joven por cierto, me dice que es solo para discapacitados y me solto un rollo!!!! Cuando termina le digo, con toda la amabilidad que me quedaba, que era sorda y la baboza me dijo, asi??? y bueno, que me quedaba, enseñarle los "oìdos biónicos" para que me atendiera. tambien me paso lo mismo en la seguridad social y así varias veces.
Porque tendremos que recurrir a enseñar nuestros audífonos cada vez que "no se nos nota" lo sordos? o que ? tenemos que parecer idiotas, retrasados (con el respeto que se merecen los retrasados) no se....
Aqui existe el CONADIS no se para que, porque no te dan mas que un carnet que no te sirve ni para comprar salchipapas en el ambulante.

Vero, como siempre, tu post. es lo maximo.

k-riños,

Fabiola dijo...

Yo quiero un certificado de incapacidad, pero en México no te lo dan, solo hay ciertas preferencias pero a personas con discapacidades visibles, creo que es hora de empezar a luchar por uno.