13 junio 2008

ACCIDENTE

Uno espera que nunca pase, pero a veces sucede.
Eran las 9 de la mañana y me preparaba para salir. Sin embargo no era un día habitual. No sé por qué. Salí de mi departamento (quería ir a las librerías que rodean la Facultad de Letras a comprar unos libros difíciles de conseguir, sobre lingüística y comprensión lectora) y mientras esperaba el ascensor algo me hizo llevarme el índice de la mano izquierda al pabellón auditivo izquierdo.
No había nada.
Creo que por primera vez en los últimos diez años (desde que empecé a usarlo desde que me levanto hasta que me acuesto), estaba saliendo de casa y no me había puesto el audífono.
Volví a casa. Mis mañanas son cortas. Los niños salen de la escuela a las 12,15. Busqué el frasquito deshidratador que está en el cajón de mi mesa de luz, lo abrí . En la misma mano sostenía aún las llaves. No las solté. Tomé el audífono, y el resto sucedió como en cámara lenta. Se me patinó de las manos, intenté atajarlo, y me quedé quieta mirando cómo caía al piso, daba un pequeño rebote y se quedaba ahí. Tan solo. Tan perdido. Tan roto.
Lo levanté insultando.
A simple vista, la tapa del intrauricular se había despegado y si tiraba apenas de ella se veían todos los cablecitos y nano-partes. Como a un herido al que se le salen las tripas.
Mi marido me miró. Lo miré.
Me voy -le dije.
Él entendió.
Busqué el aparato anterior, le puse pila, llamé a mi mamá para que buscara a los niños, coloqué al moribundo en su pequeño ataúd, saqué el auto de la cochera y me dirigí al centro de emergencias -no al más cercano, al único.
Al llegar le dije a la fiel y amabilísima Susana, encargada del service:
-Un accidente. Sucede y tenés que salir corriendo.
Ella me contuvo.
-No es la primera vez que se me cae uno, en tantos años -agregué. Tenía necesidad de hablar. -Pero se rompía una vez de diez. Creo que los analógicos eran más fuertes, más robustos. En cambio, con este fue la primera vez y...
Susana dijo que sí, que era así. Los analógicos soportaban mejor los golpes. Luego me pidió que esperara, que lo llevaría a la sala de emergencias y me daría el parte médico.
Eran las diez de la mañana.
Unos minutos más tarde Susana dijo que podía salvarse. Que los médicos ya se estaban ocupando de él, aunque había otros pacientes en espera.
Me dijo que a las 12 pasara a retirarlo. Que parecía ser sólo la tapa.
Me fui a las librerías de Corrientes. Conseguí uno de los libros que buscaba.
Regresé a la hora pautada. Él parecía sentirse bien. Me pidieron que lo probara. Lo tomé con cuidado. Parecía ser el mismo de siempre.
Pregunté cuánto debía por la emergencia. No me cobraron nada. Dije unas palabras amables, seguro hice algún chiste, agradecí.
Regresé a casa con el alma en el cuerpo. Los niños estaban almorzando. Lo peor había pasado.
En el medio, perdí una pila nueva.

8 comentarios:

Romina dijo...

¿Viste como desaparecen las pilas cuando lo mandás al service?
Espero que tu audífono esté bien y tenga una larga vida :P
Besos!

Lore b dijo...

sensaciones similares tenemos los que usamos lentes!!!! por suerte tenías a mano el anterior y sano!!!

mae-lahermanademaria dijo...

cierta vez, y hago la consulta aca porque nadie me va a responder mejor, mi hermana que usa uno de estos benditos aparatos, gracias al cual ya no me pide que la acompañe a las reuniones de padres (cosa que extraño) se quedo sin pilas en medio de un cumpleaños... el suyo. Eran las 7 de la tarde y la relojeria salvadora estaba a punto de cerrar sus puertas... me hizo correr como negra, mientras me explicaba que el fin del mundo se acercaria si no llegabamos a tiempo... todo en voz muuuuy baja, y decidia a que YO ERA LA SORDA QUE NO LA ESCUCHABA, por lo que me dejaba las frases por la mitad, y no entendi una goma de todas las catastrofes de las que me previno mientras corrimos esas dos cuadras... la frene y le dije: terminame las frases que la sorda sos vos. Por suerte tenemos una relacion en la que si le digo sorda no se enoja, sabe que es con mucho amor, como si ella me dice chicata, porque parece que nuestros padres tuvieron cada hijo con un problema diferente, falto uno manco para completarla... ahora yo me pregunto: por que no entiende que yo si la escucho? por que si ella no escucha cuando le hablan en un tono de voz normal cree que yo la puedo escuchar cuando ella me habla mas bajo que en un susurro? Capaz alguno de ustedes, que estan mas en tema me lo pueden explicar... por lo pronto, y es feo capaz lo que digo. A mi me gusta que ella no escuche, nos acerco muchas veces, y lejos de ser una discapacitada, ella para mi es la mujer bionica con su aparatito, es mi heroina y admiro la fuerza que le pone a sus dias amplificados, y es la persona mas capacitada que conozco, para amar, para dar ejemplos, y para tener siempre a mano la respuesta justa... aunque a veces no escuche la pregunta

Verónica Sukaczer dijo...

Hola Mae la hermana de María, me encantó tu comentario. Y tengo un par de opiniones para dar sobre el asunto, pero no dejes de lado el hecho de que SÓLO es mi opinión.
Los hipoacúsicos muchas veces perdemos el control de nuestra propia voz. Al no escucharnos, el volumen de nuestra voz fluctúa sin que nos demos cuenta. Esto no es una generalidad ni les pasa a todos. Depende de cómo una persona logra escuchar su propia voz. Por ejemplo: yo me escucho muy bien y hasta fuerte (ya que tengo mejor conservada la vía ósea que la aérea) y por lo tanto puedo hablar bajo ya que mi propia voz me retumba. Pero en cuanto me saco el audífono tiendo a levantar mucho la voz, e incluso cuando alguien me lo señala me doy cuenta de que estoy esforzando la voz porque yo no me escucho.
Otra opinión es más psicológica: que conciente o inconcientemente tu hermana quiera hacer sentir a otros lo que siente ella. Cosa que también yo he hecho alguna vez con cierta malicia.
Y por último vamos a un punto de tu comentario y te pido disculpas por adelantado por lo que diré y espero que sigas leyendo el blog
:-). Si fueras mi hermana (tengo dos) y pusieras "a mí me gusta que ella no escuche" (te agarraste y pusiste que quizás eso sea feo) sí, es feo y te mandaría sabés a dónde. Porque sólo nosotros, hipoacúsicos o sordos, sabemos lo que es enfrentar esto cada día. Nunca se termina de aceptar. No dudaríamos en tirar a la basura toda esta aureola de superados, de héroes, de fortaleza, por ser una persona normal y mediocre sin ninguna discapacidad. Tal vez por eso te habla bajito :-).
Cariños

Anónimo dijo...

Vero: gracias por contestarme!!! obvio que lo voy a seguir leyendo, lo leo siempre porque me ayuda a entender mas a mi hermana (aunque a ella se lo niego). Ella leyo el comentario anterior y se moria de risa, porque en verda no me gusta que tenga una discapacidad, me gusta lo que eso genero... sabes que me dijo? que habla bajito porque sino parece sorda... es un perdonaje. Me gustaria que el mundo la pudiera conocer, es la mejor mujer que pude tener en frente, y lo mas loco, es la persona que mas me escucha. Su frase es que nosotras somos un roble, y admiro la fuerza que le pone dia a dia la vida. Ella creia que no podia con nada y aunque a veces no se da cuenta, su problema la ayudo a sacar afuera esa fuerza que tiene adentro. Aunque obvio, ella tb odia que sus hijos, adolescentes, le contesten de espalda, y me muero de risa cuando les dice: soy sorda, no boluda.. mi comentario fue re cariñoso y espero que no se mal interprete, porque no la admiro porque creo que tiene capacidades distintas, la admiro porque a pesar de ser discapacitada lo lleva de una manera que me pone la piel de gallina de emocion. Te felicito por tu blog, aparte desde que ella lo descubrio se siente un poco menos sola en esto. Y felicito a todos ustedes (yo no veo bien, estuve en un loquero, y tengo mis temitas) que en lugar de tirarse a lamentarse por sus males salen al mundo mostrando que todo se puede, y que lo imposible solo cuesta un poco mas. Aprovecho y le digo a mi hermana maria que lee esto a diario que la adoro y que me siento orgullosa de ser su hermanita. Saludos. Y obviamente espero no incomodar a nadie por mis comentarios o por robarme un espacio tan largo. Sepan que la familia vive con ustedes su problema y que a veces no parece pero quisiseramos mas que darles una mano, darles nuestro oido

mae-lahermanademaria dijo...

me olvide la contraseña...

mae-lahermanademaria

jajaj

modlikan dijo...

jejejej me pasa siempre...

vos usas un audifono digital??? yo estoy por probar en estos dias, tengo 24 años y siempre estuve con mi audifono analogico....mira que sufrió todas las caidas....jejejee

besos!

Verónica Sukaczer dijo...

Hola Modli: sí, el último audífono, que está a punto de cumplir un año de vida, es digital. En otro post por allí cuento que me costó mucho pero mucho adaptarme (el sonido es bastante diferente) pero lo logré y, en general, escucho mejor. Y he perdido alguna que otra cosa. Pero como me dijeron en la empresa donde los hago: dentro de poco ya ni siquiera se conseguirán los repuestos para los analógicos. Así que no queda más opción que subirse al tren de la tecnología. Eso sí, yo preferí hacer un cambio no demasiado brusco. Tenía que elegir entre tres audífonos: uno de 8 canales, otro de 12 y otro de 24. Y me quedé con el de 8 canales porque me sentía más cómoda. Supongo que mi próximo audífono -de acá a varios años- tendrá todos los chiches y MP3 y conexión al celular, pero por ahora voy tranqui.
Cariños