12 mayo 2008

LO DIFERENTE EN LA TELEVISIÓN ARGENTINA

Verónica Sukaczer
Periodista y escritora

Cada vez que se produce alboroto por un tema relacionado con la discapacidad, yo lanzo las redes y pesco las opiniones, enfoques, denuncias, malentendidos, disculpas y acusaciones que se animan a salir a la superficie.
La pesca del día me dice cómo la sociedad reacciona frente a la discapacidad. Si hubo cambios. Apertura. Mayor integración o aceptación. O si se sigue ocultando, negando y discriminando aquello que se teme por ignorancia. Lo distinto.
Esta vez el ruido vino, cuándo no, de la televisión. Por un lado una persona ciega participando de un concurso de baile. Por el otro, un conductor criticando la situación y agitando las aguas.
Antes de continuar tengo que decir que yo no veo ninguno de esos programas. En realidad no miro ningún programa de la TV argentina, salvo algunos noticieros y cada tanto. Soy una exiliada de la televisión argentina. Una excluida.
No puedo disfrutar de nuestra televisión porque allí hablan en castellano sin subtítulos. Y yo no escucho bien. Voy por el mundo portando una hipoacusia neurosensorial bilateral severa a profunda. Y los pocos programas que tienen subtítulos ocultos no me interesan o se transmiten en mis horarios imposibles, o coinciden con alguna de las series norteamericanas y subtituladas que forman parte de mi menú televisivo.
Pero me entero de lo que sucede y me sumo a las controversias a través de los medios gráficos.
Pregunta: ¿qué tiene de malo que una persona ciega se una a los participantes videntes de un concurso de baile? Nada. No tiene nada de malo. Lo felicito. Al participante. Hay que tener coraje. Hay que estar muy seguro de sí mismo para hacerlo. En general las personas con discapacidad tendemos a ocultarnos, a quedarnos donde nos sentimos cómodos, a rodearnos de quienes nos aceptan.
El problema no está en esta persona ciega que quiere bailar y lo hace. El problema está en los ojos de los otros. En cómo lo ven, y qué es lo que quieren ver.
Yo lo he visto. Haciendo zapping me lo encontré bailando y por supuesto allí me quedé.
En primer lugar me resultó notorio que no posee la gracia, el ritmo ni el talento para ganar un concurso de baile de esas características.
Y por allí pasa la cuestión principal. Si no posee las cualidades para ganar la competencia, ni un nivel acorde al resto de los competidores, ¿para qué fue invitado a participar?
Es decir, podría perfectamente participar de un concurso de canto, de actuación, de música, de conocimientos. Pero justo baile… ¿Qué es lo que los productores de este programa están buscando, además del rating? ¿Producir lástima? ¿Compasión? ¿Morbo? ¿Dar la idea de que aceptan cualquier diferencia y no discriminan? A veces discriminar, en el buen sentido de la palabra, es necesario. Separamos a los malos de los buenos y a los que cantan afinado de los que no lo hacen. De la misma manera un productor sabe quién puede bailar frente a las cámaras y quién no logra mover su cuerpo con la mínima gracia.
Y para mí, este hombre, que es ciego, como también simpático y extrovertido, no baila muy bien. Y como no baila tan bien, mi atención enseguida se dispersó en los “detalles”. Que le dictan los pasos a través de un megáfono. Que lleva a su perro lazarillo al estudio. Que varias veces estuvo a punto de no encontrar la mano de su pareja.
Una lo mira y se maravilla. Vaya, qué excelente manejo del espacio tiene este hombre. Cómo debe haber repetido y vuelto a repetir las rutinas. Y así se sigue curioseando, y el morbo ya está instalado antes de darse cuenta.
Porque no vemos a un hombre bailando. Vemos a una persona ciega que intenta bailar. No podemos ni por un segundo obviar ese dato. Es ciego.
¡Vengan todos a ver cómo una persona ciega baila frente a las cámaras!
Por eso este hombre está en la televisión. Porque llama la atención haciendo algo que no es común que alguien como él haga. Y eso es lo que me parece incorrecto. No lo están aceptando. Lo están mostrando.
Hasta que la sociedad no sea capaz de ver al hombre, y su discapacidad nos resulte algo tan poco importante o llamativo como el número de su calzado, no habrá cambios. Habrá circo.
¿Quién me llamaría a mí para participar de un competencia de reconocimiento de melodías o voces? Sólo alguien que quiere ver cómo una persona sorda o hipoacúsica se las ingenia para estar a la par de los que sí pueden oír.
Ya me imagino las preguntas que recibiría: ¿lamento no escuchar la voz amada? Si me gritan al oído, ¿siento algo? Los sordos e hipoacúsicos ¿no contribuimos a la contaminación del planeta con la cantidad de pilas que usamos?. La melodía, ¿la reconozco por vibración o por memoria auditiva?
Allí no estaría yo. A nadie le importaría quién soy. Aparecería una persona que sólo por ser sorda o hipoacúsica se ganó el privilegio de participar en un programa de televisión.
Y eso no lo acepto.
Lo que me identifica no es mi falta de audición. Por lo menos no es lo único.
Creo que el otro periodista, el que agitó las aguas y desempolvó palabras peyorativas como “mogólico”, de alguna manera quiso decir lo que yo dije. Pero lo hizo mal. Se equivocó justamente por ignorancia, que es lo que prevalece cuando se habla sobre discapacidad.
Existe un trastorno genético llamado Síndrome de Down. Decir mogólico no sólo es insultante para ellos y para los mongoles, sino que es poner el énfasis en la diferencia, no en la persona.
Nadie es un idiota, a secas. En todo caso es una persona idiota.
Alguien que trabaja en los medios debería saber usar las palabras. Aunque no escuche TV argentina, sé que eso en general no sucede.
La discusión está abierta.
Y allí es donde rescato lo positivo. Si todos hablamos, seguramente alguien tendrá algo para decir, y otro tal vez escuchará algo que no escuchó (o lo leerá). Y otro aportará, aprenderá, compartirá.
Ojalá llegue el día en que el tema esté servido. Que la información sobre discapacidad sea algo al alcance de todos. Y que la persona con discapacidad pueda hacer lo que desee y como lo desee porque es una persona, no porque es alguien a quienes los demás consideran diferente.

1 comentario:

Fabiola dijo...

Hola a todos, ya tenía rato sin pasar por aquí, y bueno, a mi forma de ver las cosas, ni el ciego que se animó a bailar, ni la gente que lo mira desde su casa tienen la culpa, el culpable es el productor del programa, pero tratemos de entenderlo, el también tiene una discapacidad y es la idiotez con la que desempeña su trabajo y hasta su vida misma, prefiero ser hipoacúsica a ser idiota.

Claro que a la gente le llama la atención cosas así, es circo, es meramente eso, y se despierta lástima, morbo y todas esas estupideces que mantienen al televidente al pendiente del programa.

Ahora entiendo que no solo en mi país ocurren esas cosas, y ahora con más razon comprendo por qué la gente "normal" no puede dar ese paso hacia un pensamiento inteligente, entiendo por qué no me puedo integrar ni me integraré al resto de la gente que me trata y me mira diferente.

Es verdaderamente desagradable que sucedan esas cosas en pleno siglo XXI, jajaja se supone que somos la especie inteligente!! jajaja que cosas!