21 septiembre 2007

NO OIGO, PERO SÉ ESCUCHAR

De mi archivo, aparecido en diario Clarín el 8 de septiembre de 1989.
Stonington, EE.UU. En 1970 contraje meningitis y quedé completamente sordo. Alguien del siglo pasado decía "profundamente sordo", que sencillamente significa que es, más o menos, lo más sordo que se puede quedar. Alguna gente dice muy duro de oído, o muy discapacitado audivitamente o, tal vez con mayor exactitud, sordo como una tapia.
Así soy yo desde hace casi veinte años, de manera que a esta altura ya es parte de mi vida. Pero en el camino he aprendido algunas cosas.
Poco después de quedarme sordo, entré a una papelería. Le pedí al vendedor, a quien conocía desde años antes, papel para escribir a máquina. El me miró con cara rara y me preguntó: "¿Usted es español?" Yo le pregunté: "¿Parezco español?". Y el vendedor dijo: "No, suena español". Lo único que se me ocurrió contestar fue: "Buenos días". Salí del negocio con la clara sensación de que yo había cambiado en algo.
Más adealnte me di cuenta de que la voz realmente me estaba cambiando, como los médicos habían dicho que sucedería. No poder oír mi propia voz significaba no poder controlarla. A lo largo de los años me han tomado indistintamente por yugoslavo, escocés, alemán, sueco, inglés e inclusive neoyorquino. También se me ha visto charlando en susurros en el subterráneo, hablando a los gritos en bibliotecas públicas y en general poniendo incómodos a los demás con un volumen de voz totalmente fuera de contexto.
Usted seguramente pensará que lo que más preocupa a los sordos es tratar de seguir las conversaciones o enterarte de lo que está pasando. Pero para la mayoría de los sordos, especialmente para los que no pueden hablar bien, el gran trabajo consiste en lograr que los demás los entiendan, lograr que los que tienen oído normal escuchen y comprendan lo que ellos dicen.
O sea que, llamativamente, el inconveniente se vuelve mutuo cuando alguien habla con un sordo: ¡a los dos les cuesta trabajo oírse! Los dos tienen que hacer un poco más de esfuerzo, y cuando empiezan a hacerlo descubren que hablar con un sordo, "en el fondo", no es tan distinto de una conversación normal.
El otro día me puse a charlar con un desconocido. Era fácil leerle los labios y estuvimos como una hora hablando de un montón de cosas. En determinado momento, me dijo:
-Thomas, realmente me gusta hablar con vos.
-¿Por qué?
-¡Porque escuchás tan bien!
Bueno, casi me caigo de espaldas. Quiero decir que hacía casi dos décadas que no escuchaba ni una palabra.
-La gente normal oye mucho más de lo que escucha -dijo mi interlocutor-. Vos, en cambio, no oís una palabra. Tenés que esforzarte para entenderme. Así que, al menos en tu mente, realmente estás escuchando. Por raro que parezca, el ser sordo hace que escuches mejor.
Estuvo muy bien. Obviamente estaba en presencia de un hombre sabio.
-Está bien -dije yo- escucho mejor porque no oigo. ¿Eso significa que un ciego mira más porque no ve?
El desconocido sonrió. Después señaló: -Un viejo filósofo chino dijo: "La taza está hecha de archilla, con costados y fondo. Pero es el vacío de adentro lo que hace que la taza sea útil".
Sonaba como una de esas frases profundas que la gente usa cuando no tiene respuestas para la pregunta que uno le hizo. Bueno, si él quería jugar a ese juego, yo también.
Así que le dije: "Supongo que querés decir que una persona discapacitada es como una taza vacía y que esa persona puede usar su vacío para lograr algún tipo de realización. ¿Si? Bueno. ¿Qué pasa con una taza que está medio vacía?
El desconocido rió. Me contestó: ¿Por qué no medio llena? Mirá atoda la gente que nos rodea. Veo anteojos, bastones, todo tipo de discapacidades. Y seguro que la mayoría de esas personas piensan que son tazas llenas, cuando en realidad están llenas a distintos niveles. Algunas están más vacías. Otras están más llenas. Pero acordate de lo que dijo el filósofo: es el vacío el que hace que la taza sea útil. Si uno admite ante uno mismo y ante los demás que la propia taza está un poco vacía, bueno, entonces la taza será llenada.
Después nos despedimos.
Una cosa que me olvidé de preguntarle al desconocido es: ¿quien llena las tazas? Pero creo saber la respuesta. Es usted. Soy yo. Son sus amigos y familia. Hasta puede ser un perfecto desconocido.
Thomas Mitchell

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola a todos!! soy Almu. Alguna vez tambien he vivido la conversacion de Thomas con el personaje desconocido, y que me dijeran que "se escuchar". Es curioso tambien que eso me pase sobre todo con las personas que mas me cuesta oir... (sera que me doy signos de mucho interes, y que, aunque tambien sean ciertos, en verdad es que estoy intentando descifrar lo que me dice). Saludos para todos.

Anónimo dijo...

en el momento en que una persona acepta su discapacidad... esta deja de ser un problema para el.