30 julio 2007

INFELICES O SUPERHÉROES

La discapacidad se mira desde dos extremos: o con lástima o con admiración. No hay tonos intermedios.
La lástima, aunque no nos guste, es natural. A mí me produce lástima que un chico no vea. Que un grande no pueda caminar. Que un bebé nazca con Down o parálisis cerebral. Me produce lástima que algunas personas no puedan desarrollar todo su potencial, no puedan hacer todo lo que desean o acceder a aquello que sueñan por un déficit físico, mental o sensorial. Es decir, me da lástima ser como soy.
El problema que acarrea la lástima es que lleva a la sobreprotección. Como me da lástima que tu carga sea tan pesada, voy a llevártela una cuadra. Voy a intentar hacer tu vida más sencilla. Voy a quitarte los guijarros del camino. Voy a hablar por vos, escuchar por vos, opinar por vos, caminar por vos, pensar por vos, votar por vos, decidir por vos.
Y no... entonces mejor no. Mejor no me tengas lástima y no te tengo lástima y cada uno que siga su camino. Ok... tener una discapacidad es una mala broma del destino. El número malo de la lotería. Pero mejor dejame mi espacio y no me jodas. Todavía puedo pensar por mí misma.
No, no queremos lástima. Entonces, y por omisión, nos queda la admiración.
No sé qué es peor.
Las personas con discapacidad somos como cualquier otro ser humano. Algunos buenos, otros malos; decentes o chorros; sinceros o mentirosos; ricos o pobres; con hijos o sin hijos; lindos o feos; estudiosos o vagos; inteligentes o idiotas. Con un leve agregado: inteligentes con discapacidad o idiotas con discapacidad (lo último suena redundante pero yo no llamo idiota a nadie por su discapacidad). Somos gente. Pero el hecho de llevar una vida aparentemente común -trabajar, casarnos, tener hijos, salir, comprarnos ropa, hacer el amor, cocinar, tener amigos, pagar impuestos, entender una película coreana- nos convierte, para el ojo inexperto de la persona sin discapacidad, en alguien digno de admiración. En un ser que ha superado batallas internas y externas. En un conocedor de las piedras que existen en el camino. En alguien que no acepta límites. En definitiva, en un superhéroe. Y una vez que nos ponen allí, en lo alto y lejano, qué difícil es vivir intentando cumplir con las expectativas de esas personitas que creen que por vivir con una discapacidad conocemos los grandes secretos de la vida. Es agotador. Porque entonces uno no puede quejarse, ni llorar, ni dormir tres días seguidos, ni deprimirse, ni gritar, ni enojarse con todo el mundo. Porque eso queda feo en un superhéroe que ha aceptado que no escucha, no ve o no puede caminar. Eso es para los que aceptan la lástima y que los lleven de la mano por el mundo. No para nosotros, que hemos salido airosos de cada prueba.
Y como nos vemos obligados a vivir entre esos dos terroríficos precipicios: lástima o admiración, nos olvidamos a veces de la realidad: que justamente por ser personas con discapacidad, tenemos límites. No podemos hacerlo todo. Llegamos hasta un punto. Hay muros que no podemos derribar y piedras que no podemos levantar. Porque si no no seríamos personas con discapacidad, seríamos personas corrientes y todo dependería de nuestro talento o nuestras ganas o nuestro dinero o nuestra fuerza o nuestro intelecto. No de nuestro oído.
Y eso está bien. Que aceptemos nuestros límites. Eso se llama realismo. Tenemos que saber y aceptar que no podemos estudiar cualquier carrera, ni tener cualquier trabajo, ni disfrutar de cualquier situación, ni participar de lo que se nos dé la real gana.
Es muy bueno y loable que alguien diga "lo voy a intentar cueste lo que cueste", pero también es genial saber hasta dónde podemos llegar. Porque el porrazo contra la pared te va a doler. Y a esa gente que te dice que lo intentes porque con esfuerzo todo se logra, y lo único que hacen es empujarte en patines y en pendiente, podemos sin problemas mandarlos a la puta que los parió y luego decir que somos malhablados por un trauma relacionado con la discapacidad, porque es lo mínimo que se merecen.
En definitiva: no me sirve la lástima (aunque alguna vez pueda usarla a mi favor) pero tampoco puedo hacerlo todo. Mi discapacidad no es un talento ni un don. Es una cagada. Y una vez que los demás y nosotros nos pongamos de acuerdo en estos principios, creo que la convivencia y la comprensión entre bandos será mucho más sencilla.
Y ahora termino el post porque debo salvar a la humanidad de algo, seguro. Me pasaron el informe por teléfono. No entendí muy bien. Me dio vergüenza pedir que me repitan. Así que me pongo rápido la capa, las calzas rojas, el bombachón negro de la escuela y veré qué pasa. O si por lo menos me pueden repetir la información mediante mensaje de texto.

10 julio 2007

YO NECESITO, TU NECESITAS

Cada vez que se habla de las necesidades de accesibilidad de las personas con discapacidad, en general se habla de dos grupos: con discapacidad motora o visual. Ya sabemos que nosotros somos invisibles. Pero podemos dejar de serlo. Los invito acá a que digan qué necesitan, qué piden, qué sugieren, qué exigen que se mejore en beneficio de las personas hipoacúsicas y sordas. A ver si logramos que alguien aprenda a escuchar más allá de este blog.

02 julio 2007

ESTA SOY YO