30 mayo 2007

DECÁLOGO DEL PERFECTO HIPOACÚSICO

1. El perfecto hipoacúsico odia el interrogativo ¿qué?, por su sonido burdo y porque puede poner en evidencia un problema auditivo tanto como la falta de inteligencia.
2. Cuando el perfecto hipoacúsico no escucha algo en medio de una conversación, repregunta, plantea dudas, cuestiona, para lograr que le repitan o volver atrás, pareciendo interesado y hasta intelectual. Por ejemplo: "¿doctor, por qué no volvemos a repasar los síntomas que usted cita"? o: "no sé si se ha explicado bien, ¿puede repetir su teoría de la mecánica cuántica en situación de gravedad cero?"
3. El perfecto hipoacúsico desconoce en su totalidad lo que sucede en la TV argentina. No sabe quién ganó Gran Hermano ni el Martín Fierro de Oro, pero sabe perfectamente con quién sale Lindsay Lohan esta semana, gracias al canal E!
4. El perfecto hipoacúsico conoce de memoria la grilla de canales subtitulados, comenzando por Sony, Warner y AXN.
5. El perfecto hipoacúsico conoce de tecnología tanto como un experto, y sabe qué marcas de celulares tienen mejor sonido, qué televisores tienen closed caption, qué empresas extranjeras fabrican relojes con vibrador o baby-call luminosos.
6- El perfecto hipoacúsico ha logrado domesticar su cabello para que siempre, incluso en situaciones de fuerte viento, le tape las orejas y los audífonos.
7- El perfecto hipoacúsico se relaciona mejor, y sin darse cuenta, con personas cuyas voces responden a su audición residual. Así quien mantiene los tonos graves se lleva mejor con hombres o mujeres de voz potente, y quien resiste con los agudos opta por la compañía femenina y hasta acepta los chillidos de su suegra.
8- El perfecto hipoacúsico siempre lleva pilas de repuesto y el último probador de pilas que apareció en el mercado. En caso de apagón, y gracias a su vista desarrollada, es capaz de socorrer a cualquiera en medio de la oscuridad total, utilizando sólo el led del probador de pilas.
9- El perfecto hipoacúsico sabe que no hay dos hipoacúsicos iguales, y es capaz de dormir a cualquiera con su explicación de grados de hipoacusia, hipoacusias de conducción o neurosensoriales, células cilíadas y diferencia con la sordera.
10- El perfecto hipoacúsico aprende a convivir con sus varios y permanentes acúfenos, y los soporta con la cabeza alta y cierta orgullosa resignación. Acostumbra además a colocarle nombres a los sonidos de su cabeza: grillos, campanita, ambulancia, mosquitas, teléfono ocupado, bip-bip.

Agregados ayudas auditivas:
11- El perfecto hipoacúsico sabe que no debe mostrar emoción alguna, sorpresa o desesperación cuando le dicen que el audífono que le sirve cuesta más de ocho mil pesos.
12- El perfecto hipoacúsico sabe lidiar con obras sociales, prepagas, recursos de amparos y demás para lograr que le reintegren el importe de su audífono o implante coclear.
13- El perfecto hipoacúsico implantado no puede dejar de pensar que lleva el valor de un automóvil O km en su cabeza. (Y que hubiera preferido tener el auto).

23 mayo 2007

FECHA DE VENCIMIENTO

En el año 2010 vencerá mi certificado de discapacidad.
Y yo me pregunto... ¿el Estado sabe algo y en el mismo día del vencimiento yo recuperaré la audición como por arte de magia? ¿O me ofrecerán una prórroga para ser discapacitada por otros diez años?

DE ESTO HABLABA ABAJO

¡Quiero, quiero, quiero!
Gracias Gragry por la información.

06 mayo 2007

CHICHE ELECTRÓNICO

Los que el viernes pasado a las 21 horas -por lo menos en Argentina- estaban viendo la serie "Héroes", y además son sordos o hipoacúsicos, no pueden haber dejado de notar el celular que utiliza la porrista durante una escena. Y si no lo notaron, no merecen llamarse hipoacúsicos.El celular en cuestión es un aparato similar a una palm. Cuando suena, se enciende y apaga una pequeña luz roja. Y al atender, la chica no se pone a conversar, sino que escribe en un mini teclado que se desplaza por detrás de la pantalla, como si se tratara de un chat. Que eso es después de todo. Un messenger ambulante.Yo tengo y uso un teléfono celular. Todavía no dependo de él ni tengo ataques de pánico si lo olvido en casa. Puedo escuchar a través de él, aunque prefiero hacerlo sólo con aquellas voces conocidas -esposo, madre, padre, tutor o encargado- y al resto le pido que me envíen mensajes de texto. No uso el celular para conversar sino por necesidad. Lo llevo siempre apagado en la cartera cuando salgo con mis hijos, y prendido cuando ellos no están. Sus maestras saben, por ejemplo, que en caso de emergencia y de no encontrarme en mi casa deben enviarme un msn que diga "escuela", y yo apareceré allí por arte de magia, preocupada y lista para coser cabezas o aliviar chichones.Para saber que me están llamando sólo me sirve la opción vibración. Y por lo tanto debo llevar el aparatito encima de mi cuerpo -cinturón, bolsillo- y eso me jode. No puedo dejarlo, por ejemplo, sobre una mesa, a menos que esté apoyada sobre ella.Toda esta larga y aburrida explicación viene a cuento porque si yo tuviera un celular como el de la porrista -aunque supongo que el día que llegue a la Argentina también necesitaré el sueldo de una actriz adolescente de Hollywood- gran parte de mis problemas de comunicación, habrán desaparecido.Ya no importará cuán hipoacúsica soy, si perdí más audición, si me quedé sorda, si estoy en la calle y hay mucho ruido, si me senté, si la voz de la otra persona es chillona o demasiado grave. Siempre y cuando del otro lado sepan escribir, yo podré comunicarme. Los que tenemos problemas de audición solemos tener una percepción visual muy desarrollada, por lo cual sé que la lucecita la podré ver desde cualquier ángulo, bolsillo, distancia.Mis chicos están creciendo y pronto podrán utilizar un sistema así para comunicarse conmigo cuando lo necesiten. Hoy no entiendo sus vocecitas infantiles por teléfono, y eso los pone ansiosos a ellos y me angustia a mí. Pero el día de mañana podrán llamar y preguntar:Alguno de ellos: -¿Pusiste a lavar mis pantalones?Yo: -Sí, pero saqué los preservativos que había en el bolsillo.Alguno de ellos: -Mirá que no son míos.Yo: -Lo importante es que te cuides. La marihuana, en cambio, la lavé en el lavarropas.Y el día en que por fin todos estén hipercomunicados, el día en que hasta quienes están juntos se comuniquen por escrito a través de una pantallita portátil, ese día yo sentiré que en esta vida hay revancha.