01 abril 2007

DELICIAS DEL CERTIFICADO DE DISCAPACIDAD

Voy a ir pasando aquí todo lo que escribí sobre discapacidad en La vida con subtítulos. No porque no tenga ideas nuevas, sino porque ando ordenando la casa y me parece que ciertos textos tendrán más valor aquí.

Siempre me había negado a sacar el certificado de discapacidad, porque tener un papel en el que el Estado me nombra algo así como "idiota oficial", me parecía patéticamente perverso. Aunque el papelito podía llegar a servirme como título profesional en caso de que todas mis otras ocupaciones no rindieran sus frutos. "Mirá, el título de periodista lo tengo colgado en la pared, pero el de discapacitado lo llevo en la cartera y me rinde más". Hace algunos años, sin embargo, cuando recién aparecían los teléfonos celulares y los planes eran muy caros, la ex-Movicom promocionaba un plan para personas con discapacidad, más que accesible. Para acceder a él, por supuesto, había que tener el certificado. Si no es muy fácil. Cualquiera puede ponerse a renguear o decir "¿qué"? (aunque nunca lograrán mi naturalidad y gracia) y hacerse pasar por persona con discapacidad (stop para el tema de la denominación. La comunidad de per-so-nas-con-dis-ca-pa-ci-dad adhiere a los términos políticamente correctos, en los que se pone énfasis en la persona, y no en la discapacidad, cosa que me parece de lo más lógica, pero que se hace algo complicada a la hora de escribir. "Persona con capacidades diferentes", es largo, no me jodan). Seguimos, saqué el certificado de discapacidad, entonces, para sacar un teléfono celular, que me robó a los pocos meses alguien que merece tener el certificado de chorro profesional. Cuando quise comprar otro teléfono y renovar mi plan, la promoción había terminado. Yo le aseguré al vendedor que seguiría teniendo la discapacidad por el resto de mi vida, que las personas sólo se levantan de la silla y caminan en el último capítulo de la novela, y que por eso Araceli González habló y escuchó al final de la telenovela esa de las orcas, pero que en la vida real eso sucedía muy raramente, tal vez en la gruta de alguna virgen, o luego del quirófano con el implante coclear, pero que nada de eso me pasaría a mí porque soy judía, atea, y el tema del implante coclear todavía me da cosa. Así que terminé con un celular como cualquier mortal, y un certificado de discapacidad que no me servía para nada. Error. Tenía el papelito, debía averiguar qué podía hacer con él, además de todas las cosas innombrables que se me ocurrían (porque tengo la fantasía de que por el resto de la eternidad quedé marcada como "diferente", y por lo tanto el día en que llegue el meteorito, el tsunami, la nave extraterrestre, el huracán Pampero o el terremoto porteño, a mí no me permitirán guarecerme en la gruta que cavará el gobierno yanqui bajo la Casa Rosada, y en el que podrán sobrevivir sólo algunas importantísimas personalidades caucásicas sin limitaciones físicas ni mentales.¡Y eso que soy caucásica!).
Bien, busqué en Internet. No encontré ningún lugar en el que se explicara claramente qué hacer con el certificado de discapacidad, porque la gente que maneja esto debe pensar que no entendemos las explicaciones, o algo similiar; y fue a través de algunas páginas web, como Voces en el silencio, y otras que nuclean a grupos de personas sordas e hipoacúsicas, que fui averiguando qué corno hacer.
Ahora soy feliz con mi certificado de discapacidad. Porque no pago Alumbrado barrido y limpieza. Porque no pagaría patente ni estacionamiento si tuviera un auto. Porque entro gratis al zoológico (¡y llevo gratis a un acompañante, supongo que para que me cuente qué dicen los mensajes por altoparlante! No sea cosa que un día pierda a un hijo y ni me dé cuenta, lo cual, admito, no me llamaría la atención), a la Rural, a la Feria del Libro y a todo ese tipo de muestras. Pago menos que ustedes en el Parque de la Costa, y no pago nada en Mundo Marino, que cuesta un huevo. No pago ingreso a museos, aunque no voy a ninguno. Y todo eso me hace tan feliz como cuando estaba embarazada y, en el horario pico de compras en el supermercado, yo me acercaba a la caja que decía "prioridad para embarazadas" y lanzaba mi carrito contra los miles de carritos que debían dejarme el paso y me enviaban miradas asesinas a mi vientre. Casi tan feliz. Porque siempre descubro que hay cosas nuevas que no pago, y me voy ahorrando de a 5, 15, 20 pesos, que no es moco e´pavo. Se supone que tampoco pago por ningún transporte terrestre, pero eso no lo uso. Para el colectivo me da no sé qué, estoy segura de que voy a mostrar el certificado y me van a mandar a la puta que lo parió. Y lo de larga distancia... dicen que te hacen un verso para no darte el pasaje, y no tengo ganas de pelear ni tengo a dónde ir... Me podría interesar un pasaje aéreo, pero todavía no se dio... Eso sí, pago como cualquier mortal el teléfono, los demás impuestos, la entrada al cine, los libros (a-mi-no-me-los-re-ga-lan como a otros bloggeros escritores).
Y me parece bien. Me parece bien tener algunos privilegios. Porque se supone que yo no tengo las mismas oportunidades en la vida que casi todos ustedes, y es verdad. No las tengo. Sobre todo laborales. Por eso no pago la entrada al zoológico, ¿me entienden?, porque cuando uno no consigue trabajo por ser diferente, ir al zoológico gratis es lo único que te puede consolar.
Por eso siempre llevo encima mi certificado de discapacidad. Una copia, bah, reducida, autenticada por escribano público, y plastificada. Porque nunca sabés cuándo te va a servir, qué nuevo entretenimiento te puede conseguir. Y para que cuando voy al banco (ese del ave de rapiña yanqui) a hacer una consulta, y me dicen que la consulta sólo puede hacerse teléfonicamente (como se acostumbra últimamente en casi toda dependencia municipal, bancaria, médica, carcelaria, etc, etc), y yo les digo que si vengo personalmente es porque no puedo hacer la consulta teléfonica, y entonces ellos me ofrecen un teléfono de ahí nomás, y yo les digo que sigue siendo un teléfono, pueda, por fin, sacar mi lindo certificado de discapacidad, y restregárselos sin culpa por la cara.

9 comentarios:

daniela dijo...

Ya lo habia leido en la vida con subtitulos, pero lo volvi a leer y me volvio a parecer muy bueno!
Hacia mucho no te escribia , pero eso no significa que no siga visitandote para leer lo que escribis. Y ya que te escribo hoy te cuento una novedad mia! : ya tengo fecha para la operacion, Veronica! 21 de Mayo. Solo unos dias. Un poco mas de un mes. Exactamente 50 dias. Muy contenta estoy! Y queria contartelo :)

Te mando un beso! Y segui con esto que tan bien me/nos hace!

Anónimo dijo...

Hola Vero y todos; que oportuno, como siempre tu artículo, el 10 de mayo tengo junta médica para obtener el bendito Certificado de Discapacidad. Trabajo en relación de dependencia hace 14 años y me falta muchíiiiiisimo para jubilarme, así que encontré en el "Cartoncito" ese, la posibilidad de hacerlo con 45 años de edad y 20 de servicios, es decir, dentro de 8 años. Obviamente, si logro no matar a nadie antes, en el trabajo por ejemplo cuando el teléfono suena y nadie lo atiende y tengo que contestar yo, que se me acoplan los audífonos y no entiendo nada; pero saber que suena (porque tiene luz) y nadie responde me pone muy mal de humor.
Si sobreviven a mi, y el Mágico Certificado funciona, en el 2015, me jubilo del laburo y de los sonidos, estima mi Otorrino que para ese entonces ya no voy a escuchar nada y de cirugías no me atrevo a hablar.
Amén a todo esto, no había pensado en la posibilidad del zoológico, acá no hay; me diste una gran idea para mi próximo viaje a Baires, ja,! Mirá q son generosos. Gracias como siempre. Un beso.
Ah! a Daniela que no conozco y tiene fecha para cirugía, quiero enviarle por este medio, toda la energía posible, mucha fuerza y que por favor cuente su experiencia, cuando esto suceda.
Hasta cualquier momento,,
Luciana

Verónica Sukaczer dijo...

Daniela: te deseo mucha suerte, fuerza, aguante, que no te duela, que te atiendan bien, que todo salga según lo planeado. Va desde aquí todo mi cariño y compañía virtual, y espero las noticias.

Mariana dijo...

Yo tambien ya había leído el post en la vida con subtitulos. Me sigue resultando muy bueno. Trabajo en un centro para personas con discapacidad mental y veo a diario las peripecias que pasan para tramitar el certificado, hacerlo, termina siendo una tortura...los turnos tardan mucho, más para el nacional...
Es muy cierto lo que decís acerca de la importancia y el derecho de tenerlo.
Daniela, que bueno que ya tenés fecha! Seguro todo va a salir muy bien!! Despues contamos como fue todo. Mucha mucha suerte!!!

daniela dijo...

muchas gracias a las 3!! :)
ya les voy a contar todo!

y voy a ir compartiendo mis nervios y mi ansiedad aca con uds tambien! jaja :)

besoss

cecilita.... dijo...

Daniela...que buena noticia!!!!!!!! espero y ruego que todo salga bien........ y gracias por compartir tu experiencia...

mucha suerte y todo salga perfecto

cariños...
Cecilita...

Anónimo dijo...

Muy bueno el articulo,sobre todo por el sentido del humor con el que tomaste la discapacidad,... me rei tanto !!! ja ja
Me encanto eso le da un toque de ironia al problema, que lo hace mas soportable.Lo bueno es saber que hay gente igual a vos.
Suerte a Daniela para su operacion.
Cariños Alejandra

daniela dijo...

Gracias a Cecilita y a Alejandra!! :)


Yo estoy acaaaa... contando los dias que faltan :)

Anónimo dijo...

Hola...bueno quería compartir con Uds. que en una semana me entregan mi primer audífono...y qué se yo...no sé cómo será la cosa. Tengo 52 años. Soy maestra y cada día escucho peor...tengo hipoacusia neurosensorial...etc con acúfenos de todos los tonos posibles y lo que aprendí ahora que tengo reclutamiento, o sea...a veces salto ante un ruido "normal"...hago caras como que entiendo o sigo la conversación y capaz pesco algunas palabras no más...y la tele...me paro al lado...O sea...la paso medio mal...No saqué el certificado de discapacidad como me aconsejaron porque me daba sensación de algo horrible. Pero ahora lo horrible es lo que tengo que pagar ...en fin.
Tal vez debería hacerlo luego de leer este post...capaz me animo.
Saludos.
Carola