16 enero 2007

DEL FUTURO IMPERFECTO AL FUTURO PERFECTO

Seguimos con los post que salieron en La vida con subtítulos . Estoy de vacaciones...

Un juego favorito de la raza humana, es imaginar un mundo perfecto. Lo imperfecto de esta manía, es que cada mundo particular es diferente, no existen dos mundos perfectos iguales, y por lo tanto no podrá nunca existir la perfección.Mi mundo perfecto es perfecto para mí, pero cruel para casi todos los demás. En mi mundo perfecto ustedes, casi todos los que leen, no podrían vivir. Se ahogarían en un silencio que para mí es ideal. Les faltaría el estímulo auditivo, que para mí es prescindible.En mi mundo perfecto no existen los teléfonos, y todas las comunicaciones deben hacerse por e-mail o por mensajes de texto. Mi mundo se lee. Todo él es de palabras escritas. La literatura es la más perfecta de las artes. Necesaria como el aire o el alimento. En mi mundo aprendemos dicción como aprendemos a sumar, y se prohíben las relaciones de perfil y a oscuras. En mi mundo perfecto la distancia no es un escollo para comunicarse. El lenguaje corporal y la lectura de los labios sirve para mantener conversaciones a distancia, para descubrirse unos a otros, para amarse, para saber qué está diciendo el otro que no habla con nosotros, para comunicarnos. Las reuniones familiares o de amigos en mi mundo perfecto se realizan en lugares luminosos, en mesas pequeñas (no más de seis personas), y bajo la prohibición total de acompañarlas con música de fondo. En mi mundo perfecto los arquitectos que construyen habitaciones con eco son considerados criminales, y se les hace juicio por mala praxis. Como siempre los pierden (porque es fácil comprobar el eco en un recinto) se los condena a escucharse su voz amplificada una y otra vez por el resto de sus vidas. En mi mundo perfecto toda la programación televisiva es subtitulada, y yo tengo un televisor con closed caption y un DVD. En mi mundo perfecto, cuando suena un timbre, alguien golpea a la puerta, cualquier anuncio, alarma, grito, llanto, etc, es transmitido inalámbricamente a un vibrador que llevamos siempre encima o, los más osados, adosado bajo la piel. Yo lo llevaría en la nuca, para utilizarlo también como masajeador. En este mundo perfecto la moda de adosar el vibrador en los genitales será perseguida por la Iglesia y los grupos de Madres Pro Ruido, que de pronto han descubierto que el silencio es tan peligroso como el rock. En mi mundo perfecto la música existe, por supuesto. Pero se considera una falta de respeto escucharla a alto volumen o en sitios públicos. La música, como el cuchicheo, están reservados a la intimidad. En mi mundo perfecto y visual existen carteles a cada paso anunciando todo lo que se puede anunciar: qué aviones, trenes, micros están a punto de salir, y por qué terminal, dónde están los baños, qué número están llamando, qué apellido, para qué trámite es cada ventanilla, cuánto hay que pagar, en qué colores viene una prenda, cuál es el diagnóstico. En mi mundo perfecto se encuentra la cura para uno de los males más terribles que sufre esta humanidad perfecta, y que hasta el día de hoy no tiene cura: los acúfenos. En mi mundo perfecto una de cada cinco personas enloquece, se suicida, mata, se pierde para siempre por culpa de esta tortura absurda de escucharse los chillidos de su propia mente. En mi mundo perfecto, como en cualquier otro, alguien siempre se rebela contra el ideal de perfección. Los recitales clandestinos, en lugares con eco y poca iluminación serán la cara más conocida del submundo de aquellos que temen vivir en silencio. Como en todo mundo perfecto, los enemigos nos atacarán apagando las señales y boicoteando la letra escrita. En mi mundo perfecto sabemos muy bien quién es el enemigo, y aunque les hemos ofrecido islas perdidas para que desarrollen sus perversiones, ellos quieren el resto del mundo. Quieren hacer lo mismo que hicimos nosotros, su propio mundo perfecto, la antítesis de este: un mundo auditivo, un mundo para ciegos. En mi mundo perfecto nos liberamos de todos aquellos aparatos que nos obligan a oír incluso lo que no queremos oír, y dejamos que la brisa de primavera nos envuelva los sentidos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida Verónica, que inmenso placer me causa saberte, quizás encontrarme en vos, recibir la caudalosa carcajada de tu gesto como una brisa tibia, amigable. Debo decirte que este blog que has creado tiene, para mí, la dirección del reparo, se ubica en el sitio de la protección, define la intersección de vías mayores: vivencia esquina confianza. Tenés vivencias de vos, y también de nosotros, nos-los-otros, los parecidos pero desiguales hipoacúsicos y sordos, y tenés la comprensión de losotros, los que no son nos, pero están a nuestro lado: los oyentes. Acudo a la cita que planteaste al crear este cybernido, sabiendo que a través de tus letras en la pantalla podré re-ver mi mundo desde la ternura y desde el humor.
Es cierto que no hay dos mundos perfectos iguales, pero te advierto que en cuanto estrenes el tuyo iré a visitarte. Será un mundo amigable y distendido, parecido al mío, en el que el viento no hace ruido sino luces y reflejos de hojas, cabellos y espuma. Podremos tomar mate y charlar, ninguna en contraluz, y morirnos de risa sin preocuparnos por los vecinos.
Yo también vivo alegremente el profundo silencio por el que se desplaza casi toda mi vida, y sigue llamándome la atención lo difícil que es para los oyentes imaginar qué es vivir sin sonidos y qué es lo que en verdad “escucho” cuando tengo puesto el audífono. Soy hipoacúsica bilateral muy severa, pero estoy equipada en OD. Y es muy cómico imitar esas blablerías inteligibles que nosotros comprendemos porque adivinamos, percibimos, intuimos, “pescamos” los significados que vienen grotescamente amarrados a las inflexiones… imitarlas para que ellos, con un gran aporte de imaginación, se arrimen a comprender en qué mundo andamos!!!
Pensaba en esto cuando leí tu texto “YO INCOMODO”. Precisamente este fin de semana invité dos matrimonios amigos (4 oyentes) a comer un asado… y me pasó todo el tiempo eso de “qué hora tenés?” “no, yo tampoco”.

Sucedió lo que sucede casi siempre: “Marce, cambiaste la pila del audi???”. “Sí, por?” “Ah… no… está bien… es que me pareció que no entendías… hoy no estás escuchando muy bien, no???” “Y, no, justo hoy no, estaré distraída con las morcillas que se revientan… y justo vos tenés el fluorescente detrás…” “Pero Marce, vos casi siempre escuchás muy bien, sobre todo con ese audífono nuevo, no?” “Bueno, en realidad me ayuda bastante… pero cuando somos varios la verdad es que no entiendo nada.” “Pero, cómo, entonces, vos qué escuchas? Por ejemplo a mí, me estás escuchando? O cuando te llamamos por telé… etc etc etc…”
Me río, Verónica, como vos. Me río de nosotros y también de ellos. Y además de reírme, a menudo me agoto. Me escucho tratando de explicar una y otra vez: tratar de describir con sonidos el silencio. Qué loco!!!
Pero por suerte te encontré a vos, y me siento muchísimo menos sola en esta patriada de andar en silencio por el mundanal ruido!
Te aviso que soy Marcela Colombini, la misma que te respondió al texto "Maternidad Tecnológica", pero no logro firmar este comentario. No se mi usuario ni contraseña. Va como anónimo, pero soy yo! Me escuchaaaannnn????
Gracias por estar ahí.

Verónica Sukaczer dijo...

¡¡¡Qué fantástico texto te mandaste, Marcela!!! Me encantó. Me sigue fascinando y pareciendo milagroso este intercambio que generé (aquí va un aporte para mi ego), cuando hace unos años ni siquiera podía decir que era hipoacúsica. Ahora... mi risa tiene un límite también, y si alguien llega a decirme que cree que mi audífono no funciona bien, porque justo en ese momento no escucho (puedo estar cansada, distraída, o simplemente ¡ser hipoacúsica!)) o a opinar sobre la duración de las pilas, creo que puedo llegar al asesinato bajo emoción violenta.
Lo mío es mío, me pasa a mí, si no sabés de qué se trata ni lo vivís, no te metas. Me molesta la empatía falsa. Bueno, tu texto me motivó
:-). Nos seguimos leyendo.

cecilita dijo...

...nada mas´q escribir...completamente de acuerdo con ustedes... y a las tonteras o pesadeces que nos puedan decir hay que hacer "oidos sordos" literalmente....
saludos y abrazos

Dámaris dijo...

La verdad, me encantó este texto..!!
sinceramente.. me sentis super identificada, segui asi!

demostrando q no estamos solos/as!

un beso!


Denis.