21 diciembre 2006

FELIZ HAPPY LEJAIM

Como mi filosofía de vida es encontrar lo positivo en cada cosa (lo intento, no es que me funcione siempre),
festejo con ustedes la posibilidad de hacer este blog, expresarme y ayudar/ayudarme, aunque claro que preferiría no saber nada del tema.
Después de todo, sin embargo...
En estas fiestas seremos los únicos que podamos desconectarnos (apagar el audífono o implante coclear) a la hora de los petardos o cuando los invitados empiezan a decir boludeces.
Los únicos capaces de saber qué está diciendo de nosotros -mediante lectura labial- esa tía chismosa.
Y como en las familias siempre hay alguien que nos tiene lástima, también somos los beneficiarios de la última porción de helado.
Así que disfruten de sus sonidos y sus silencios. Y los que acostumbran bajonearse, sepan que siempre podría ser peor.

¡FELICES FIESTAS!

14 diciembre 2006

PARA LO QUE HAY QUE ESCUCHAR...

Comenzaré a subir aquí crónicas, columnas que escribí para "La vida con subtítulos" . No porque ande con fiaca, sino porque no espero que ambos blogs tengan los mismos lectores (¿cómo..? ¿no leen todo lo mío?) y me parece interesante pasar para acá todo lo relacionado a la temática. Habrá más. Sobre todo en vacaciones.

PARA LO QUE HAY QUE ESCUCHAR...
El tipo, agazapado detrás de su guardapolvo blanco, me mira y dice: -no parecés... Yo le agradezco. He aprendido que no parecer es bueno, y parecer es malo. El día que nos encontremos con extraterrestres de aspecto humano diremos, mientras nos aniquilan: -mirá que no parecían...Bien, no parezco. El tipo dice que su obligación hipocrática es que yo parezca aún menos. Para él soy un mecanismo fallado que hay que arreglar. No poder hacerlo es fracasar. Los que se agazapan detrás de guardapolvos blancos, no tienen el fracaso como meta en su vida. Yo le digo que no estoy interesada en el producto que me vende, porque construir esta imagen de no parecer me ha llevado la vida, y ahora estoy cómoda así como soy. El tipo dice que no parecer no es no ser, y que soy, y que por lo tanto necesito ese ajuste de 23.000 dólares que total pagará la obra social. Yo le digo que no, gracias, que solamente quería hacerme un chequeo. Decir no gracias es un error que él, ellos, no pueden tolerar. Me mira. Yo sé qué está mirando. Está mirando el lugar de mi cráneo donde hará el corte para implantar el aparato que, a partir de entonces, me hará sonar entera cuando pase por un detector de metales o de prendas robadas. La idea no me entusiasma, porque entonces nunca podré fantasear con robar algo de verdad. También tendré que cuidarme de la electricidad estática, capaz de desprogramar lo que él quiere meter en mi cabeza. O sea que cada vez que vaya a un pelotero, o empuje a mis hijos por un tobogán de plástico, tendré que tocar algo para descargarme. No se puede negar que suena divertido o ridículo. El tipo, lo sabemos, no va a darse por vencido fácilmente. Apela al golpe bajo. Me pregunta si no quiero escuchar el llamado de auxilio de mis hijos cuando se pelean, se golpean o intentan matarse y yo estoy en otra habitación. Lo pienso. La verdad que no. Estoy tan agotada de las peleas, los golpes o los intentos asesinos de mis hijos, que prefiero no escucharlos. Total ellos ya aprendieron que si se matan tienen que levantarse y venir a contarme. Y yo creo que eso, en el futuro, los hará mejores personas o los acercará, aunque sea, a un ideal de inmortalidad. Él comienza a flaquear. Me dice que es mi decisión. Por supuesto, respondo yo. Me llevó toda la vida aceptar quién soy, y aprender a convivir conmigo misma, como para venir ahora a perder lo poco que tengo para reemplazarlo por un artículo biónico. Le digo que cuando Jamie Sommers usaba su oído biónico, hacía un tat-tat-tat bastante molesto, que podría interferir en la comprensión de la palabra. Él me habla de todos los niños que por fin hacen una vida normal gracias a eso. ¡Lo agarré! ¿Entonces yo no soy normal? ¿Me han estafado, engañado, todos estos años? ¿Y qué es la normalidad, en definitiva? Pero no, aquí soy yo la que se engaña. No soy normal, lo sé. Pero la anormalidad puede a veces ser interesante (mentira, todos los anormales queremos ser normales, y viceversa). Todos esos niños que hacen una vida “normal”, están construyendo su futuro sobre una mentira (pero aunque sea no robarán en locales con detectores). Lo sé porque lo intento desde hace años (lo de la mentira, no lo del robo, y por eso no parezco). Le digo que no, es mi última palabra, y además le digo que no voy a volver a atenderme con él. Se ofende y dice algo, pero esto me lo pierdo (que es lo que sucede cada dos por tres porque justamente aunque no parezca, soy).Total... para lo que hay que escuchar...